martes 24 de enero de 2012

La caza del carnero salvaje (羊をめぐる冒険)

Como no podía ser menos, la lectura de La caza del carnero salvaje de Haruki Murakami se dilató en el tiempo. Ya lo he comentado varias veces, pero tengo la extraña capacidad de acordarme del desarrollo de la historia aunque lleve un ratazo sin leer el libro. Es más, al revisar mis anotaciones sobre pasajes que me gustaron especialmente, sólo con leer esos fragmentillos parecía que todo el decorado mental que me había hecho revivía espontáneamente, desde la luz tenue del apartamento del protagonista con la cafetera humeando hasta el frío húmedo del caserón de Hokkaido, con su vasta explanada de pasto confundida entre la niebla. Me lo podía haber terminado antes de venirme a NZ y así evitar tener que pedirle a mi madre que me lo mandara (junto a los otros libros que me dejé por la península). Pero bien valió la pena esperar por esas once páginas, en las que se vende todo el pescado que queda. Es como el masoquismo latente tras la posposición reiterada de un orgasmo, que cuando finalmente te corres es tan brutal que sólo vuelves a la vida tras un par de reanimaciones cardiopulmonares. U obviando la ordinariez, digamos que es como los culines de café, esos que se enfrían envueltos en tristeza en el fondo de la taza, pero que luego saben a gloria. Y qué coño, que yo he venido aquí a hablar de mi libro, a la mierda!!!
La caza del carnero salvaje es el único libro que he leído de Murakami, pero si toda su producción literaria va en la misma línea, a mí ya me ha reclutado para su causa. La historia en sí no tiene demasiada complicación: el protagonista, copropietario de una pequeña editorial, se ve embarcado sin comerlo ni beberlo en la búsqueda del lugar en que se tomó la fotografía de uno de sus últimos encargos, en la que aparece un carnero al que también deberá encontrar. Un carnero que, en la realidad, no existe. Súmese al cóctel una bellísima modelo de orejas, los peculiares inquilinos de un hotel, un amigo del pasado un tanto extravagante, y un grupo japonés de extrema derecha con la influencia suficiente como para fulminar socialmente a nuestro protagonista. Para mí, que soy amante de lo absurdo, ha sido una dosis de morfina en vena.
-[…] Oiga, ¿no habrá cierta contradicción entre ser cristiano y ser chófer de una personalidad de extrema derecha?
-El jefe es una gran persona. De entre las que he tratado hasta ahora, es la mejor, después de Dios.
-¿Usted ha tenido trato con Dios?
-Naturalmente. Cada noche le llamo por teléfono.
-Sin embargo… -empecé a decir, pero me vi asaltado por la perplejidad. La cabeza empezaba a alborotárseme otra vez-. Si todo el mundo se pone a llamar a Dios, habrá una saturación de líneas, y siempre estará comunicando, como, por ejemplo, el servicio de información telefónica al mediodía.
-No hay que preocuparse por eso. Dios es, digamos, una presencia simultánea. Y así, aunque un millón de personas le llame a la vez, Dios habla a la vez con un millón de personas.
-No entiendo mucho de esas cosas, pero ¿está esa interpretación dentro de la ortodoxia? Es decir, desde un punto de vista teológico.
-Soy de los radicales. Por eso no me llevo demasiado bien con la Iglesia.
-Ya –le dije. 
El libro está repleto de pasajes como éste, a lomos de la perplejidad de lo cómico en un contexto solemne. La escritura en sí no tiene ninguna dificultad, pero es precisamente esa absurdidad que empapa el relato lo que hace del libro una maravilla. Podría parecer que la historia se ha construido sobre una colección de sinsentidos hiperbólicos gratuitamente encolados, pero creo que ese aire naïf y surrealista es tan sólo un recurso para que la soledad de los personajes no se pasee con sus vergüenzas al aire. Parece que tanto la sensación de pequeñez en una vida hiperrápida como la desorientación ante un gestante desapego se embellecen si se filtran con humor. Algunas frases memorables del libro son más lapidarias que cualquiera de las sobradas que se oyen en La boda de Muriel o Bienvenidos a la casa de muñecas. O al menos a mí me producen más desazón.
Absténgase de leerlo gente con la cabeza cuadrada. Esto es, sin capacidad para asumir que al igual que en la vida, en las novelas también suceden disparates sin explicación. Suceden, y punto. Es como cuando Valérie Lemercier le suelta a Christian Bujeau, en plena apoteosis final de Les Visiteurs, esa frase de tu pourrais pas comprendre, tu aimes trop les sciences éxactes. Tal cual. Te puedes creer que los tarados vinieran de la Edad Media o intentar buscarle una explicación vía agujeros de gusano. Siempre será más bonito dejar un poco de hueco para la magia en nuestras vidas. O mejor, un sitio donde magia y realidad se besen sin necesidad de una frontera invisible que las separe.
Próximo libro, El desierto de los tártaros, de Dino Buzzati.

martes 17 de enero de 2012

Popurrí de cosas. Entrega nº8


[nota: la entrada se remonta a algunos hechos acaecidos hasta seis meses atrás en el tiempo, tómese como complemento un poco más liviano y pormenorizado de mis andanzas durante el año pasado y la parte de 2012 que ya nos ha abandonado]
Muajajaja, ya tocaba popurrí, es lo que tiene la falta de ideas inteligentes mezclada con la vagancia y la procrastinación. O con la vegetancia paquidérmica y la prostitución intelectual. Además, como siga a este paso el enésimo cambio de Facebook no va a tardar en caer. Me tiembla la papada sólo pensar en ello. Brrrr. Brrrrrrr…
Cosa primera: La vida en el piso. O mejor, la vida en el no piso, porque hace un rato que me desahuciaron. Para entonces, la china pequeña y menudita ya se había ido y había ocupado su lugar el kiwi informático que también está haciendo la tesis en la universidad de Auckland. Todo comenzó hace un par de meses, cuando la inglesa que quiere estudiar cine me envió un sms que decía algo como nos desahucian porque han vendido el apartamento, tenemos seis semanas para abandonar el piso. Mi primera y única reacción duró cinco minutos, pero fue lo suficientemente intensa como para haber podido reventarle la cabeza con la mirada a cualquiera que me hubiera dirigido la palabra durante ese tiempo. Después de eso la sensación fue de from lost to the river, así que ya pasé completamente. Incluso estaba más gracioso que de costumbre dando las prácticas del laboratorio esa misma tarde, hablándoles a los niños pequeños de la diferencia entre un aluminio y un acero templados. Hay que joderse, con lo céntrico que estaba el sitio, lo barato que era, lo cerca que estaba del supermercado 24 horas…!! Por ley nos tenían que haber avisado con 90 días de antelación, pero weno, es lo que tiene especular, que cuanto antes se vayan los inquilinos antes se puede reformar y realquilar a un precio mucho más desorbitado :)
Un par de días después recibo otro sms, ésta vez del zimbabuense que curra en un banco neozelandés, Cooper, tienes que abrirnos la puerta de tu habitación, que el piso se está inundando. Salí escopetado de la uni, creo que nunca había recorrido Symonds y Anzac a tal velocidad… Esperaba que no fuera nada importante, pero ver tres camiones de bomberos en el portal no ayuda a disminuir el ansia precisamente. Al final fue que uno de los rociadores de incendios había saltado aleatoriamente mientras el zimbabuense que curra en un banco neozelandés se estaba duchando. Cuando llegué ya habían conseguido abrir la puerta de mi habitación. La cama estaba patas arriba, y todos los trastos susceptibles de andar por el suelo se habían colocado en alto, bien sobre la cama o la mesa. Después de chapotear un poco en la moqueta y comprobar que tampoco había sido para tanto me volví a la facultad, no sin pensar wah, realmente tienen prisa porque nos vayamos de aquí… Nos trajeron un secador industrial que tendríamos que ir paseando por todo el piso, cambiándolo de sitio cada media hora. Era como una especie de mascota. Como mi habitación se encontraba justo enfrente del baño, fue la más inundada, así que tuve que dormir durante tres días fuera de casa. Por lo menos el casero no me cobró el alquiler de esa semana…




La fiesta de despedida del piso consistió en irse de farra por Auckland. Bebimos tanto y durante tanto tiempo que fue una de esas pocas noches en las que tengo lagunas sobre lo que pasó, especialmente sobre cómo volví a casa… Sólo sé que a las cuatro de la mañana estábamos encerrados en el ascensor del edificio porque el kiwi informático que también está haciendo la tesis en la universidad de Auckland se empeñó en que si abres las puertas mientras está en marcha puedes salir entre dos pisos. Me vomité en la sudadera de pi tres catorce que me regalaron los dipolos, treinta segundos antes de que el técnico abriera la puerta desde fuera. Pero o utilizaba la sudadera de cortafuegos o salíamos a base de hacernos aguadillas en una espesopa de restos de cerveza y Burger King.
Las dos semanas siguientes las pasé en casa del asturiano fanático de la música indie, que como estaba muy ocupado viajando por la Isla Sur tuvo la amabilidad de cederme su habitáculo para que yo lo convirtiera en una de las pocilgas más infectas de todo Auckland. Y esta apreciación es demasiado indulgente. Durante este tiempo varias personas quisieron matarme, en particular su compañera de piso de mirada esquiva que me odiaba sin conocerme, y el propio asturiano fanático de la música indie al volver de su viaje y comprobar que iba a seguir ocupándole su espacio vital un par de días más (y eso que ya había visitado unos quince sitios para compartir, pero yo nunca era el elegido…!! esnif… :’( la buena noticia es que le caí bien al del piso que visité la misma tarde que volvió el asturiano fanático de la música indie, y al día siguiente ya había conseguido alojamiento!! sólo que tenía que esperar cinco días para mudarme, así que tuve que mendigar camas durante un par de días más… ^^).
Yo creo que cuanto menos me preparo entrevistas, visitas, exposiciones, conferencias, y en general cualquier evento en el que tenga que quedar bien delante de alguien, mejor impresión causo. No sé si tendrá que ver con que a lo mejor mis respuestas son un poco más inesperadas y dejan descolocado al personal (la entrevista que precedió a la beca de mi tesis es el vivo ejemplo), pero visto mi historial parece que mi yo zarrapastroso e improvisador gusta.
Había quedado con mi actual compañero de piso en ir a ver la casa por la tarde, pero coincidió que tuve que ir al dentista así un poco repentinamente, y no me quedó más remedio que coger la cita para justo antes. Yo creía que una endodoncia no iba a ser algo demasiado problemático, pero al final mi cita terminó solapándose con la del siguiente, y me fui de la consulta con un trozo de aguja [de regalo] clavado en una de las raíces de mi muela. Creo que la operación fue más complicada de lo esperado, incluso podía ver de reojo cómo goterones de sudor del tamaño de sapos nocturnos resbalaban por la frente del dentista. Al final el buen hombre se sintió fatal y decidió no cobrarme la primera parte de la endodoncia, todo un detalle teniendo en cuenta los precios prohibitivos de los dentistas neozelandeses. Pues eso, que llegué a ver el piso tarde y con media cara hinchada. Pero debí de caerle en gracia a mi compañero de piso porque me llamó al día siguiente para decirme que yo había sido el elegido yujuuuuu!!! Debe ser que la suerte me sonríe cuando llevo la boina del Eulalio.
Y eso. Que ahora vivo en una casa un poco en las afueras, sólo a tres cuartos de hora andando de la uni (que hay que hacer un poco de ejercicio diario, que de tanto cebarme a pods (jodooooorrrr qué wenos están!!!) me estoy poniendo más orondo que un mandril que sólo comiera pizza). El sitio en sí es una casa familiar de una planta + trastero + garaje, pero la casera decidió dividirla en dos mediante una pared de ladrillo para poder alquilarlas por separado, así que los vecinos viven en una de las mitades y nosotros en la otra. Lo bueno es que tenemos un pequeño patio en el que hay un naranjo, un limonero, un manzano, un pomelo, un nogal de Macadamia (¿este árbol existe?), y la estrella del jardín: un aguacate(¿ro?). Digo estrella porque está hasta las tetas de aguacates, todavía están un poco pelotos pero weno, basta con dejarlos unos días fuera para que maduren. Ah, y mi amigo el filipino auditor me regaló una tomatera a la que se le rompió el tallo treinta segundos después de estar en mis manos… Tuve que cortarla en dos, y desgraciadamente ambas partes terminaron muriendo, no sin antes dar un par de tomatines chiquininos (algo es algo!).


Cosa segunda: La vida académica. La tesis…, ahí va. Digamos que el trabajo de laboratorio, por muy apasionante que sea, puede llegar a convertirse en algo bastante repetitivo y monótono, y más si tras cada experimento tus expectativas se van desmontando inexorablemente… A veces me gustaría tener sólo un par de muestras que analizar, pero hacer para quince muestras distintas el SEM, la nanoindentación, el XPS, los rayos X, la gota sésil, el grabado láser, y cualquier pequeño ensayo que haga falta para preparar los materiales (quién diría que los dos metales que he ido a elegir no hay forma de fracturarlos a temperatura de nitrógeno líquido sin que la fractura sea dúctil…) puede llegar a ser bastante cansino. El SEM y yo hemos tenido romances de más de diez horas seguidas, y eso que hace un puto frío en la habitación que cada vez que me reservo el aparato me aseguro de no ir en chanclas… Por lo menos mi jefa me ha puesto reuniones cada dos semanas porque a veces entre tanto experimental no me da tiempo a hacer el análisis de datos, y además cada vez que lo hago me entra la depresión porque por mucho que miro y remiro los datos no hay forma de adivinar tendencia ni comportamiento alguno. Viva. Tengo materiales aleatorios e impredecibles. O lo que es mejor y más excitante aún. Lo que yo creía que iba a pasar no pasa ni de coña.
Aparte de la tesis (que como decía…, ahí va) también he estado haciendo mis pinitos a nivel académico jejeje… Por un lado he sido lab demonstrator de primer curso [qué bien suena y qué poca complicación real lleva aparejada]. Amos, he estado dando las prácticas a los niños pequeños de lo que sería ciencia de materiales: ensayos de tracción, tratamientos térmicos de metales, temperatura de transición vítrea de polímeros, corrosión y fractura (ains…, cuánto amor tengo yo por estas dos asignaturas!)… En total se van rotando cuatro grupos con las mismas prácticas, así que la cosa dura doce semanas (+ un par de horas para vigilar el examen [qué aburrido que puede llegar a ser esto!!]). Al principio son un poco más tímidos porque no se conocen de nada entre ellos, pero a medida que van rotando los grupos se les nota más sueltos (básicamente hacen más preguntas y hablan más entre ellos). A veces hacen preguntas que van bastante más allá del temario y de la base que tienen para poder darles una explicación medianamente satisfactoria, pero uno intenta hacerlo lo mejor que puede :) En otros casos digamos que la versión oficial está demasiado simplificada para mi gusto, pero hay que ceñirse a ella: no se puede reducir la tenacidad de un material al área bajo una curva tensión-deformación (eso implicaría que dos materiales con comportamientos mecánicos antagónicos (dúctil/frágil) pero la misma área habrían de ser igual de tenaces), ni se puede afirmar tan categóricamente que la estructura amorfa de un material sea la causa de su transparencia (por esta regla de tres, los vidrios metálicos no serían materiales opacos). Pero weno, ya tendrán tiempo de irse refinando al respecto, aunque visto que la parte de materiales sólo es el 20% de la especialidad (el otro 80% es ingeniería química), creo que más de uno va a terminar la carrera sin necesidad de hacerle notar estos pequeños matices.
Aparte de a las criaturas de primero, también he estado dando clases particulares de física a una chiquilla. Me contactó por internete después de haberse leído el flamante perfil que me hice en una página de tutores neozelandesa. Hola, soy una estudiante de tercero de físicas ¿me podrías dar clases particulares de física clásica? ; ehhhh, vale, aunque necesitaría que me detallaras algo más el contenido, ¿qué aproximación utilizáis, la langrangiana o la de cálculo de fuerzas/momentos? ; pues yo creo que las dos, pero vamos, te envío el temario. Lo primero que pensé al ver la asignatura desglosada fue ¡¡¡hoooostias!!!, la mitad era de mecánica clásica (con los dos acercamientos incluidos) y la segunda mitad de física estadística. Y para todo esto sólo tres horas a la semana, la verdad es que no sé qué se fumaron los de la facultad de ciencias cuando confeccionaron la asignatura (como comparación: lo que yo estudié eran dos asignaturas distintas con una carga lectiva total de ocho horas semanales)… Pero weno, como me gustan los retos le dije que podía ayudarla, aunque luego me tocó volverme a pegar desde casi cero con las colectividades y las ecuaciones de Euler para poder explicarle la asignatura de forma más menos coherente. Digamos que el acercamiento que hacen en la facultad es un poco light (que sólo son tres horas para dos mazacotes considerables!!!), pero al mismo tiempo intentan meter todo el temario típico, con lo que es normal que la pobre chiquilla anduviera perdidísima con tanta información. Por cierto, majísma ella, que incluso me subió el sueldo [literal: creo que para el trabajo que haces cobras demasiado poco, así que a partir de la siguiente clase te pagaré cincuenta dólares la hora]. Pero lo que más me alegró de todo fue que la curranta sacara una A+ en la asignatura. En otras palabras, tuvo que hacer un examen final bordado.
Por otro lado, este verano me lo estoy pasando currando en la uni, dando los cursos de verano de una asignatura de primero que mezcla conceptos puramente ingenieriles con un enfoque biológico, y que corre a cargo de dos departamentos de la facultad de ingeniería, uno de ellos en el que yo estoy haciendo la tesis. La verdad es que la asignatura es bastante híbrida e interdisciplinar, y al ser parte de los cursos de verano es en plan intensivo, con clases de dos horas todos los días durante el mes de enero (en el primer y segundo semestre la distribución de las horas está más dilatada en el tiempo). A mí me ha tocado la parte de energía y combustibles, así que ahí que me he visto yo explicando a los tiernos infantes los principios de la destilación fraccionada del petróleo, la ley de Raoult, el trabajo, el calor, la energía interna, la entalpía de combustión… Y por supuesto, el ciclo Otto. Quién carajo me diría que acabaría dando clases de termodinámica, e incluso enfadándome con los alumnos porque no hacían ni el huevo (tuve que amenazarles con que si no salían ellos a hacer los ejercicios a la pizarra yo no iba a hacerlo, y menos aún a dar las soluciones… y parece que espabilaron cuando se dieron cuenta de que iba totalmente en serio. Lo malo de dar la asignatura entre cuatro es que no tienes libertad en la evaluación de tu parte, por lo que no puedes inventarte puntos extras o estrellitas por participación en clase y demás actividades…). Sólo tengo clara una cosa. Estoy intentando evitar explicar los conceptos tal y como me los explicaron a mí en la carrera. Porque si hay alguna asignatura que se lleva el premio a la pedagogía nefasta dentro de mi historial académico, ésa es termodinámica (sobre todo la parte I, porque a la parte II nunca fui a clase, me la terminé preparando por mi cuenta y sacando incluso mejor nota… [queridos estudiantes universitarios, estas acciones NO son a imitar, así que id a clase!!]). Por cierto, quién diría que poner un examen fuera tarea tan complicada y laboriosa… Eso sí, van a suspender todos muajajajajaja!!!!
Y weno, para rematar, este verano también estoy dando clases de español en una academia de idiomas de Auckland. Tengo los dos cursos de principiantes, y la verdad es que me está gustando mucho :) Esta oportunidad ha sido de lo más inesperado, todo sucedió a raíz de un CV que envié a los dos meses de llegar a Auckland, cuando mis cuentas estaban en números fosforitos y necesitaba encontrar un curro paralelo para complementar mi beca. En aquel momento nunca me contestaron. Pero de repente hace un par de meses me llamaron por si estaba interesado en hacer la suplencia de verano, ya que el profesor titular de la academia se iba de vacaciones. Y por supuesto que acepté!! Por ahora me está encantando, aunque lo de tener que elegir una canción con un vocabulario un poco acorde con el temario y que no utilice mucho tiempos verbales más allá del presente simple y los infinitivos no es moco de pavo… Al final cayeron El universo sobre mí de Amaral y Entre dos tierras de Héroes del silencio.
Cosa tercera: La vida social e intelectual (más allá de la tesis).La verdad es que si me lo planteara podría estar de farra veinticuatro horas, esto de encontrar gente con la que salir de juerga y emborracharse no es nada complicado, y más aún en una ciudad grande como puede ser Auckland. Es lo que tienen las aglomeraciones urbanas, que son un hervidero de almas que laten de soledad, difuminadas entre hamburguesas, frustraciones, y una inexplicable colección de carnes intensamente felices. Cada vez estoy más convencido de que la felicidad es un simple estadio mental. En fin, que estoy deliberadamente reduciendo el ritmo de mi vida social, digamos que he pasado a necesitar a bastantes pocas personas en mi vida, y lo que es peor, si esas personas no están ni me molesto en investigar otras vías alternativas para sentirme un ser meridianamente social (por ejemplo, desde que el asturiano fanático de la música indie se piró a España no he vuelto a salir tan a saco ni a fumar orégano). Disfruto y valoro mucho el tiempo que paso con cualquier ente interesante (descubrir las rarezas de la gente es algo apasionante), pero la complicidad es algo que no se puede forzar, y que requiere de tiempo mientras se fragua y cementa. Y últimamente estoy bastante cansado mentalmente tanto para esforzarme en conocer a nadie como para molestarme en hacer el paripé con cualquiera con tal de pasar un rato acompañado. Lo bueno es que esto me ayuda a centrarme en otras facetas de mi vida que tenía un poco olvidadas.  
Musicalmente hablando, como al final me mudé a las afueras mi colaboración con el guitarrista cantautor se ha reducido a alguna quedada puntual. Forma bonita de decir que a lo mejor no volveremos a quedar más que para tomarnos un café por el centro. El buen hombre vive en la isla de Waiheke, un sitio accesible sólo por ferry, lo que sumado a su trabajo y su familia hace que esté muy limitado a la hora de quedar para ensayar. Antes conseguíamos reunirnos todas las semanas porque el piso en el que vivía le quedaba enfrente del curro, pero ahora que vivo a tomar por el najas, pues entre que se desplaza para allá y vuelve para no perder el ferry, nos quedaría como una media hora para tocar. Fue bonito mientras duró. Aparte de eso, también tuve la ocasión de tocar el acordeón en una boda (pagado! y con bote de propina!) y en una despedida de soltera, además con libertad para elegir el repertorio, cosa que siempre ayuda a sentirse cómodo. Y en cuanto a mis metas personales, montarme las variaciones Goldberg con el acordeón, aunque es más bien un proyecto a largo plazo, que para poder montármelas en poco tiempo necesitaría dedicarme a ello a tempo completo.
Así como curiosidad también diré que actué de extra en una peli de la televisión neozelandesa. La explicación de esta singularidad se remonta a cuando llegué a Auckland y, en mi desesperación por encontrar un ingreso suplementario a mi maltrecha beca, envié el CV a sitios de los más random y me inscribí en los trabajos más inesperados (evitaré dar los detalles de todos ellos). Uno de ellos fue una agencia de talentos a la que se habían apuntado los argentinos que habían estado viviendo en el piso. Mi cerebro sólo procesó te pagan 750 dólares al día por salir en pelotas teniendo sexo simulado en las escenas subidas de tono de Spartacus, y visto el montante y que no soy especialmente pudoroso, pues al día siguiente estaba apuntándome para ser extra en cualquier producción que requiriera de mis servicios. Pero nunca me llamaron para galantear con mis atributos serranos (esnif…). Lo que hicieron fue llamarme para rodar un documental histórico, así que terminé vestido en pijama de época, luciendo bigote y paseándome descalzo por la cubierta de un barco de vapor en Devonport, mientras la encargada de maquillaje me rociaba con agua cada dos por tres (se suponía que el barco estaba naufragando). Menos mal que tenían unas batas más gordas que un saco de cemento, que si no a los que estábamos empapados nos hubiera dado una hipotermia…
Y poco más. Fui a ver al Circo del Sol cuando estuvieron por Auckland (geniales, como siempre), estuve en el concierto de The naked and famous con ocasión del cumpleaños del asturiano fanático de la música indie (el grupo tiene canciones chulas, pero o tienen un directo un poco pobre o el montaje de sonido de la sala fue demasiado funesto), fui al teatro con la valenciana contable a la que le gusta el hiking a ver el ballet de La bella durmiente (ni me acordaba de la historia, jurl!), me tocaron un par de entradas para ir a ver la entrega de los premios de la música neozelandesa (es lo que tiene rellenar entrevistas de tu operadora de teléfono móvil), y también tuve la ocasión de ir al Last Night of the Proms, un concierto de música clásica. Por cierto, una de las iniciativas veraniegas que más me gustan de Auckland, a pesar de que a estas alturas el sol todavía se esté haciendo de rogar, es que todos los viernes hay cine de verano gratis en una zona del puerto que han rehabilitado. Basta con llevarse las esterillas y sentarse sobre el césped para ver la película, que proyectan sobre la pared de un gran depósito.










Cosa cuarta: La vida kiwi en forma de rugby. Sí, ya sé que hace mogollón de esto, pero es que una promesa es una promesa, y aunque tanto a sin embargo como a Juampe probablemente se les haya olvidado, al menda no. El caso es que como todo el mundo sabe (o debería), el deporte nacional de Nueva Zelanda es el rugby, y este año además tuvieron la oportunidad de organizar el mundial. Y también de ganarlo. La única pincelada de tristeza en todo esto fue el terremoto de Christchurch, ya que los daños producidos en el estadio privaron a la ciudad de acoger partido alguno.
Como uno es pobre y los ahorros no le dan para más, tuvo que conformarse con un billete para ir a ver uno de los partidos de clasificación, en este caso el partido Francia-Japón, ya que al jugar los gabachos se suponía que iba a ser uno de los más contundentes. Fui con la arquitecta que estuvo trabajando en la India y su novio gabacho que recoge agua de lluvia; era la primera vez que iba a un partido de rugby y la verdad es que me gustó mucho a pesar de que no me enteraba del todo de lo que estaba pasando (es obvio que tienen que llevar la pelota desde su campo al del contrario sin pasarla hacia delante, pero el resto de detalles son para mí enigmas indescifrables). Lógicamente, mi forofismo se decantó por el país que me acogió durante un año, aunque llevaban todas las de perder. Pero weno, tengo que decir que si bien la diferencia en el marcador terminó siendo bastante grande, los nipones no les pusieron las cosas fáciles y los franceses tuvieron que sudar para asegurarse el resultado.












Por cierto, yo creía que los franceses eran gente más civilizada que los burdos nosotros, pero después de haber presenciado esto, o yo siempre he salido con gente demasiado cándida o tenemos una fama que no nos merecemos… Hacía tiempo que no veía formarse tal escándalo en un autobús…

El caso es que en un alarde de éxtasis kiwi les dio por polinizar el centro de Auckland con pantallas gigantes para que nadie se perdiera el partido, así que si tenías la suerte de formar parte de la marabunta que conseguía entrar antes de que cerrasen el recinto del Cloud, podías disfrutar del partido y sentirte gota de mugre entre tanta marea humana. En caso de necesidad extrema de ir a los cagaderos de plástico o a la barra, contar con media hora de trayecto por lo menos. Bueno, admito que en el caso del partido Australia-Sudáfrica no fue para tanto, pero es que tampoco estaba tan abarrotado como por ejemplo el Francia-Gales...  



Y weno, qué vamos a decir de la final… No negaré que estuve a punto de infarto en varios momentos, pero al final los All Blacks se impusieron a Les Coqs, y la locura se desató en todo Auckland (y yo diría que en toda Nueva Zelanda). Según mis amigos kiwis no cabía la derrota, o mejor dicho, no querían pensar en los destrozos ni en la quema de mobiliario urbano que conllevaría. Describían algo parecido a la guerra de Vietnam. Habíamos quedado en un bareto y entre birra y birra nos agarramos una moña de campeonato, además habían cortado la arteria central de Auckland, Queen Street (sigo diciendo que esta ciudad ganaría mogollón si convirtieran media Queen Street en una vía peatonal), así que las celebraciones se sucedieron en la calle hasta altas horas de la madrugada, así como en los pubs de toda la ciudad. Al día siguiente a mediodía los jugadores desfilaron por el centro, pero a esas horas la civilización ya había vuelto a Auckland.















Cosa quinta: La vida en Wellington. Y sí, también sé que de esto hace todavía más. Casi seis meses, vale. El caso es que como dos de mis jefes tienen sus cuarteles generales en Lower Hutt, pues me toca bajar por Wellington de vez en cuando. La última vez que me pasé por los laboratorios estuve tres semanas preparando muestras, el 80% del tiempo dedicado únicamente a pulirlas. La pulidora industrial y yo desarrollamos una especie de afecto mutuo que hacía que yo supiera cuándo tenía que cambiarle los paños para que me devolviera mis muestras de titanio tan espejadas como para quemarme las cejas con la linterna del móvil. Las reflexiones de fuentes luminosas pueden llegar a ser una amenaza muy seria, en efecto.
Uno de mis jefes es indio y el otro es kiwi, pero no sé por qué extraña razón cuántica hay bastantes estudiantes gabachos, entre ellos el reunionés encargado de explicarme el funcionamiento del implantador y la bretona que trabaja en cerámicas conductoras, así que mi lengua de trabajo pasó a ser el francés. El tiempo que estuve por allí me alojé en la residencia que tienen a la entrada del complejo (levantarse y trabajar con una vista así merece la pena, es como estar casi dentro de un monte), compartía casa con una francesa en prácticas y un estudiante indio de doctorado, y dada la cercanía tardaba tres minutos en ir de casa al implantador, cinco si me quería acercar hasta el taller de cerámica.
Yo, tierno puñado de inocencia, había ido con la idea de fabricarme mis sesenta y pico muestras, pero al final sólo me dio tiempo a obtener unas treinta, incluidos los fallos imprevistos (no está de más analizar las cagadas, a veces contienen más información que los experimentos que han salido bien). Y de esta forma se consumió mi juventud durante esta estancia. Bueno, también un fin de semana organizamos una fiestuki en casa (cociné tortilla!! cómo molo!!), otro día fuimos a comer a un mongol, y otro finde fuimos a dar un voltio por el Mount Victoria, desde donde pudimos ver una panorámica de la bahía a la vera de la que nos habíamos paseado momentos antes. Ah, también fuimos a visitar el museo de la empresa neozelandesa de efectos especiales que participó en varias películas de Peter Jackson, entre ellas Bad Taste, Braindead (es España la titularon Tu madre se ha comido a mi perro) y la trilogía de El señor de los anillos, pero se me olvidó la cámara y no tengo pruebas con que demostrar esta proeza.
















Y weno, para terminar este popurrí, la colección de imágenes graciosas que viene siendo habitual en las últimas entregas…
Para empezar, presentamos a CASPA en concierto:

Una playa a la que yo me pensaría muy mucho el ir por lo antihigiénica que parece:

Las iglesias que se construyeron a base de erecciones (o eso parece dar a entender el letrero lol):

Las vinagretas(-etas) terroristas:

La publicidad de las JMJ, que llegó hasta el Burger King de Aotea Square en forma de panfleto:

Y como con CASPA no era suficiente, también se pudo ver por Auckland a LAS TETAS en concierto (junto con los ladrones, las raquetas, y dj tina volteamesas):

La marca exclusiva solo en casa (pronunciarlo a la española):

El elefante Papo (o la jirafa, o el león, o el leopardo, no me queda claro), por supuesto dedicado a Christian:

Las chocolatinas Moro:

Una de nombres de calles (por supuesto, que no tienen desperdicio):



Y no podían faltar unas fotillos de cierta mercancía que recibí cuando todavía estaba viviendo en el centro:


Para la próxima entrega, espero que dentro de no mucho, las crónicas de la Isla Sur. Con una compañía insustituible. La de mi padre.