[nota: la entrada se remonta a algunos hechos
acaecidos hasta seis meses atrás en el tiempo, tómese como complemento un poco
más liviano y pormenorizado de mis andanzas durante el año pasado y la parte de 2012 que ya nos ha
abandonado]
Muajajaja,
ya tocaba popurrí, es lo que tiene la falta de ideas inteligentes mezclada con
la vagancia y la procrastinación. O con la vegetancia paquidérmica y la
prostitución intelectual. Además, como siga a este paso el enésimo cambio de
Facebook no va a tardar en caer. Me tiembla la papada sólo pensar en ello.
Brrrr. Brrrrrrr…
Cosa primera: La vida en el piso. O mejor, la vida en el no piso, porque
hace un rato que me desahuciaron. Para entonces, la china pequeña y menudita ya
se había ido y había ocupado su lugar el kiwi informático que también está
haciendo la tesis en la universidad de Auckland. Todo comenzó hace un par de
meses, cuando la inglesa que quiere estudiar cine me envió un sms que decía
algo como nos desahucian porque han
vendido el apartamento, tenemos seis semanas para abandonar el piso. Mi
primera y única reacción duró cinco minutos, pero fue lo suficientemente
intensa como para haber podido reventarle la cabeza con la mirada a cualquiera
que me hubiera dirigido la palabra durante ese tiempo. Después de eso la
sensación fue de from lost to the river,
así que ya pasé completamente. Incluso estaba más gracioso que de costumbre
dando las prácticas del laboratorio esa misma tarde, hablándoles a los niños
pequeños de la diferencia entre un aluminio y un acero templados. Hay que
joderse, con lo céntrico que estaba el sitio, lo barato que era, lo cerca que
estaba del supermercado 24 horas…!! Por ley nos tenían que haber avisado con 90
días de antelación, pero weno, es lo que tiene especular, que cuanto antes se
vayan los inquilinos antes se puede reformar y realquilar a un precio mucho más
desorbitado :)
Un par de
días después recibo otro sms, ésta vez del zimbabuense que curra en un banco
neozelandés, Cooper, tienes que abrirnos
la puerta de tu habitación, que el piso se está inundando. Salí escopetado
de la uni, creo que nunca había recorrido Symonds y Anzac a tal velocidad…
Esperaba que no fuera nada importante, pero ver tres camiones de bomberos en el
portal no ayuda a disminuir el ansia precisamente. Al final fue que uno de los
rociadores de incendios había saltado aleatoriamente mientras el zimbabuense
que curra en un banco neozelandés se estaba duchando. Cuando llegué ya habían
conseguido abrir la puerta de mi habitación. La cama estaba patas arriba, y
todos los trastos susceptibles de andar por el suelo se habían colocado en alto,
bien sobre la cama o la mesa. Después de chapotear un poco en la moqueta y
comprobar que tampoco había sido para tanto me volví a la facultad, no sin
pensar wah, realmente tienen prisa porque
nos vayamos de aquí… Nos trajeron un secador industrial que tendríamos que
ir paseando por todo el piso, cambiándolo de sitio cada media hora. Era como
una especie de mascota. Como mi habitación se encontraba justo enfrente del
baño, fue la más inundada, así que tuve que dormir durante tres días fuera de
casa. Por lo menos el casero no me cobró el alquiler de esa semana…




La fiesta de despedida del piso consistió en irse de farra por Auckland. Bebimos
tanto y durante tanto tiempo que fue una de esas pocas noches en las que tengo
lagunas sobre lo que pasó, especialmente sobre cómo volví a casa… Sólo sé que a
las cuatro de la mañana estábamos encerrados en el ascensor del edificio porque
el kiwi
informático que también está haciendo la tesis en la universidad de Auckland se
empeñó en que si abres las puertas mientras está en marcha puedes salir entre
dos pisos. Me vomité en la sudadera de pi tres catorce que me
regalaron los dipolos, treinta segundos antes de que el técnico abriera la
puerta desde fuera. Pero o utilizaba la sudadera de cortafuegos o salíamos a
base de hacernos aguadillas en una espesopa de restos de cerveza y Burger King.
Las dos
semanas siguientes las pasé en casa del asturiano fanático de la música indie,
que como estaba muy ocupado viajando por la Isla Sur tuvo la amabilidad de
cederme su habitáculo para que yo lo convirtiera en una de las pocilgas más
infectas de todo Auckland. Y esta apreciación es demasiado indulgente. Durante
este tiempo varias personas quisieron matarme, en particular su compañera de
piso de mirada esquiva que me odiaba sin conocerme, y el propio asturiano
fanático de la música indie al volver de su viaje y comprobar que iba a seguir
ocupándole su espacio vital un par de días más (y eso que ya había visitado
unos quince sitios para compartir, pero yo nunca era el elegido…!! esnif… :’( la
buena noticia es que le caí bien al del piso que visité la misma tarde que
volvió el asturiano fanático de la música indie, y al día siguiente ya había
conseguido alojamiento!! sólo que tenía que esperar cinco días para mudarme,
así que tuve que mendigar camas durante un par de días más… ^^).
Yo creo que cuanto menos me preparo entrevistas, visitas, exposiciones,
conferencias, y en general cualquier evento en el que tenga que quedar bien
delante de alguien, mejor impresión causo. No sé si tendrá que ver con que a lo
mejor mis respuestas son un poco más inesperadas y dejan descolocado al
personal (la entrevista que precedió a la beca de mi tesis es el vivo ejemplo),
pero visto mi historial parece que mi yo zarrapastroso e improvisador gusta.
Había quedado con mi actual compañero de piso en ir a ver la casa por la
tarde, pero coincidió que tuve que ir al dentista así un poco repentinamente, y
no me quedó más remedio que coger la cita para justo antes. Yo creía que una
endodoncia no iba a ser algo demasiado problemático, pero al final mi cita
terminó solapándose con la del siguiente, y me fui de la consulta con un trozo
de aguja [de regalo] clavado en una
de las raíces de mi muela. Creo que la operación fue más complicada de lo
esperado, incluso podía ver de reojo cómo goterones de sudor del tamaño de
sapos nocturnos resbalaban por la frente del dentista. Al final el buen hombre se
sintió fatal y decidió no cobrarme la primera parte de la endodoncia, todo un
detalle teniendo en cuenta los precios prohibitivos de los dentistas
neozelandeses. Pues eso, que llegué a ver el piso tarde y con media cara
hinchada. Pero debí de caerle en gracia a mi compañero de piso porque me llamó al
día siguiente para decirme que yo había sido el elegido yujuuuuu!!! Debe ser
que la suerte me sonríe cuando llevo la boina del Eulalio.
Y eso. Que
ahora vivo en una casa un poco en las afueras, sólo a tres cuartos de hora
andando de la uni (que hay que hacer un poco de ejercicio diario, que de tanto
cebarme a pods (jodooooorrrr qué wenos están!!!) me estoy poniendo más orondo
que un mandril que sólo comiera pizza). El sitio en sí es una casa familiar de
una planta + trastero + garaje, pero la casera decidió dividirla en dos
mediante una pared de ladrillo para poder alquilarlas por separado, así que los
vecinos viven en una de las mitades y nosotros en la otra. Lo bueno es que
tenemos un pequeño patio en el que hay un naranjo, un limonero, un manzano, un
pomelo, un nogal de Macadamia (¿este árbol existe?), y la estrella del jardín:
un aguacate(¿ro?). Digo estrella
porque está hasta las tetas de aguacates, todavía están un poco pelotos pero
weno, basta con dejarlos unos días fuera para que maduren. Ah, y mi amigo el
filipino auditor me regaló una tomatera a la que se le rompió el tallo treinta
segundos después de estar en mis manos… Tuve que cortarla en dos, y
desgraciadamente ambas partes terminaron muriendo, no sin antes dar un par de
tomatines chiquininos (algo es algo!).


Cosa segunda: La vida académica. La tesis…, ahí va. Digamos que el
trabajo de laboratorio, por muy apasionante que sea, puede llegar a convertirse
en algo bastante repetitivo y monótono, y más si tras cada experimento tus
expectativas se van desmontando inexorablemente… A veces me gustaría tener sólo
un par de muestras que analizar, pero hacer para quince muestras distintas el
SEM, la nanoindentación, el XPS, los rayos X, la gota sésil, el grabado láser,
y cualquier pequeño ensayo que haga falta para preparar los materiales (quién
diría que los dos metales que he ido a elegir no hay forma de fracturarlos a
temperatura de nitrógeno líquido sin que la fractura sea dúctil…) puede llegar
a ser bastante cansino. El SEM y yo hemos tenido romances de más de diez horas
seguidas, y eso que hace un puto frío en la habitación que cada vez que me
reservo el aparato me aseguro de no ir en chanclas… Por lo menos mi jefa me ha
puesto reuniones cada dos semanas porque a veces entre tanto experimental no me
da tiempo a hacer el análisis de datos, y además cada vez que lo hago me entra
la depresión porque por mucho que miro y remiro los datos no hay forma de
adivinar tendencia ni comportamiento alguno. Viva. Tengo materiales aleatorios
e impredecibles. O lo que es mejor y más excitante aún. Lo que yo creía que iba
a pasar no pasa ni de coña.
Aparte de
la tesis (que como decía…, ahí va) también he estado haciendo mis pinitos a
nivel académico jejeje… Por un lado he sido lab
demonstrator de primer curso [qué
bien suena y qué poca complicación real lleva aparejada]. Amos, he estado
dando las prácticas a los niños pequeños de lo que sería ciencia de materiales:
ensayos de tracción, tratamientos térmicos de metales, temperatura de
transición vítrea de polímeros, corrosión y fractura (ains…, cuánto amor tengo
yo por estas dos asignaturas!)… En total se van rotando cuatro grupos con las
mismas prácticas, así que la cosa dura doce semanas (+ un par de horas para
vigilar el examen [qué aburrido que puede
llegar a ser esto!!]). Al principio son un poco más tímidos porque no se
conocen de nada entre ellos, pero a medida que van rotando los grupos se les
nota más sueltos (básicamente hacen más preguntas y hablan más entre ellos). A
veces hacen preguntas que van bastante más allá del temario y de la base que
tienen para poder darles una explicación medianamente satisfactoria, pero uno
intenta hacerlo lo mejor que puede :) En otros casos digamos que la versión
oficial está demasiado simplificada
para mi gusto, pero hay que ceñirse a
ella: no se puede reducir la tenacidad de un material al área bajo una curva
tensión-deformación (eso implicaría que dos materiales con comportamientos
mecánicos antagónicos (dúctil/frágil) pero la misma área habrían de ser igual
de tenaces), ni se puede afirmar tan categóricamente que la estructura amorfa
de un material sea la causa de su transparencia (por esta regla de tres, los
vidrios metálicos no serían materiales opacos). Pero weno, ya tendrán tiempo de
irse refinando al respecto, aunque visto que la parte de materiales sólo es el
20% de la especialidad (el otro 80% es ingeniería química), creo que más de uno
va a terminar la carrera sin necesidad de hacerle notar estos pequeños matices.
Aparte de a
las criaturas de primero, también he estado dando clases particulares de física
a una chiquilla. Me contactó por internete después de haberse leído el flamante
perfil que me hice en una página de tutores neozelandesa. Hola, soy una estudiante de tercero de físicas ¿me podrías dar clases
particulares de física clásica? ; ehhhh, vale, aunque necesitaría que me
detallaras algo más el contenido, ¿qué aproximación utilizáis, la langrangiana
o la de cálculo de fuerzas/momentos? ; pues yo creo que las dos, pero vamos, te
envío el temario. Lo primero que pensé al ver la asignatura desglosada fue ¡¡¡hoooostias!!!, la mitad era de
mecánica clásica (con los dos acercamientos incluidos) y la segunda mitad de
física estadística. Y para todo esto sólo tres horas a la semana, la verdad es
que no sé qué se fumaron los de la facultad de ciencias cuando confeccionaron
la asignatura (como comparación: lo que yo estudié eran dos asignaturas
distintas con una carga lectiva total de ocho horas semanales)… Pero weno, como
me gustan los retos le dije que podía ayudarla, aunque luego me tocó volverme a
pegar desde casi cero con las colectividades y las ecuaciones de Euler para
poder explicarle la asignatura de forma más menos coherente. Digamos que el
acercamiento que hacen en la facultad es un poco light (que sólo son tres horas
para dos mazacotes considerables!!!), pero al mismo tiempo intentan meter todo
el temario típico, con lo que es normal que la pobre chiquilla anduviera
perdidísima con tanta información. Por cierto, majísma ella, que incluso me
subió el sueldo [literal: creo que para el trabajo que haces cobras
demasiado poco, así que a partir de la siguiente clase te pagaré cincuenta
dólares la hora]. Pero lo que más me alegró de todo fue que la curranta
sacara una A+ en la asignatura. En otras palabras, tuvo que hacer un examen
final bordado.
Por otro
lado, este verano me lo estoy pasando currando en la uni, dando los cursos de
verano de una asignatura de primero que mezcla conceptos puramente ingenieriles
con un enfoque biológico, y que corre a cargo de dos departamentos de la
facultad de ingeniería, uno de ellos en el que yo estoy haciendo la tesis. La
verdad es que la asignatura es bastante híbrida e interdisciplinar, y al ser
parte de los cursos de verano es en plan intensivo, con clases de dos horas
todos los días durante el mes de enero (en el primer y segundo semestre la
distribución de las horas está más dilatada en el tiempo). A mí me ha tocado la
parte de energía y combustibles, así que ahí que me he visto yo explicando a
los tiernos infantes los principios de la destilación fraccionada del petróleo,
la ley de Raoult, el trabajo, el calor, la energía interna, la entalpía de
combustión… Y por supuesto, el ciclo Otto. Quién carajo me diría que acabaría
dando clases de termodinámica, e incluso enfadándome con los alumnos porque no
hacían ni el huevo (tuve que amenazarles con que si no salían ellos a hacer los
ejercicios a la pizarra yo no iba a hacerlo, y menos aún a dar las soluciones…
y parece que espabilaron cuando se dieron cuenta de que iba totalmente en serio.
Lo malo de dar la asignatura entre cuatro es que no tienes libertad en la evaluación
de tu parte, por lo que no puedes inventarte puntos extras o estrellitas por
participación en clase y demás actividades…). Sólo tengo clara una cosa. Estoy
intentando evitar explicar los conceptos tal y como me los explicaron a mí en
la carrera. Porque si hay alguna asignatura que se lleva el premio a la
pedagogía nefasta dentro de mi historial académico, ésa es termodinámica (sobre
todo la parte I, porque a la parte II nunca fui a clase, me la terminé
preparando por mi cuenta y sacando incluso mejor nota… [queridos estudiantes universitarios, estas acciones NO son a imitar,
así que id a clase!!]). Por cierto, quién diría que poner un examen fuera tarea
tan complicada y laboriosa… Eso sí, van a suspender todos muajajajajaja!!!!
Y weno,
para rematar, este verano también estoy dando clases de español en una academia
de idiomas de Auckland. Tengo los dos cursos de principiantes, y la verdad es
que me está gustando mucho :) Esta oportunidad ha sido de lo más inesperado,
todo sucedió a raíz de un CV que envié a los dos meses de llegar a Auckland,
cuando mis cuentas estaban en números fosforitos y necesitaba encontrar un
curro paralelo para complementar mi beca. En aquel momento nunca me
contestaron. Pero de repente hace un par de meses me llamaron por si estaba
interesado en hacer la suplencia de verano, ya que el profesor titular de la
academia se iba de vacaciones. Y por supuesto que acepté!! Por ahora me está
encantando, aunque lo de tener que elegir una canción con un vocabulario un
poco acorde con el temario y que no utilice mucho tiempos verbales más allá del
presente simple y los infinitivos no es moco de pavo… Al final cayeron El universo sobre mí de Amaral y Entre dos tierras de Héroes del
silencio.
Cosa tercera: La vida social e
intelectual (más allá de la tesis).La verdad es que si me lo planteara
podría estar de farra veinticuatro horas, esto de encontrar gente con la que
salir de juerga y emborracharse no es nada complicado, y más aún en una ciudad grande como puede ser Auckland. Es lo
que tienen las aglomeraciones urbanas, que son un hervidero de almas que laten
de soledad, difuminadas entre hamburguesas, frustraciones, y una inexplicable colección
de carnes intensamente felices. Cada vez estoy más convencido de que la
felicidad es un simple estadio mental. En fin, que estoy deliberadamente
reduciendo el ritmo de mi vida social, digamos que he pasado a necesitar a
bastantes pocas personas en mi vida, y lo que es peor, si esas personas no
están ni me molesto en investigar otras vías alternativas para sentirme un ser
meridianamente social (por ejemplo, desde que el asturiano fanático de la
música indie se piró a España no he vuelto a salir tan a saco ni a fumar
orégano). Disfruto y valoro mucho el tiempo que paso con cualquier ente
interesante (descubrir las rarezas de la gente es algo apasionante), pero la
complicidad es algo que no se puede forzar, y que requiere de tiempo mientras
se fragua y cementa. Y últimamente estoy bastante cansado mentalmente tanto
para esforzarme en conocer a nadie como para molestarme en hacer el paripé con
cualquiera con tal de pasar un rato acompañado. Lo bueno es que esto me ayuda a
centrarme en otras facetas de mi vida que tenía un poco olvidadas.
Musicalmente
hablando, como al final me mudé a las afueras mi colaboración con el
guitarrista cantautor se ha reducido a alguna quedada puntual. Forma bonita de
decir que a lo mejor no volveremos a quedar más que para tomarnos un café por
el centro. El buen hombre vive en la isla de Waiheke, un sitio accesible sólo
por ferry, lo que sumado a su trabajo y su familia hace que esté muy limitado a
la hora de quedar para ensayar. Antes conseguíamos reunirnos todas las semanas
porque el piso en el que vivía le quedaba enfrente del curro, pero ahora que
vivo a tomar por el najas, pues entre que se desplaza para allá y vuelve para
no perder el ferry, nos quedaría como una media hora para tocar. Fue bonito
mientras duró. Aparte de eso, también tuve la ocasión de tocar el acordeón en
una boda (pagado! y con bote de propina!) y en una despedida de soltera, además
con libertad para elegir el repertorio, cosa que siempre ayuda a sentirse
cómodo. Y en cuanto a mis metas personales, montarme las variaciones Goldberg
con el acordeón, aunque es más bien un proyecto a largo plazo, que para poder
montármelas en poco tiempo necesitaría dedicarme a ello a tempo completo.
Así como
curiosidad también diré que actué de extra en una peli de la televisión
neozelandesa. La explicación de esta singularidad se remonta a cuando llegué a
Auckland y, en mi desesperación por encontrar un ingreso suplementario a mi
maltrecha beca, envié el CV a sitios de los más random y me inscribí en los trabajos más inesperados (evitaré dar
los detalles de todos ellos). Uno de ellos fue una agencia de talentos a la que
se habían apuntado los argentinos que habían estado viviendo en el piso. Mi
cerebro sólo procesó te pagan 750 dólares
al día por salir en pelotas teniendo sexo simulado en las escenas subidas de
tono de Spartacus, y visto el montante y que no soy especialmente pudoroso,
pues al día siguiente estaba apuntándome para ser extra en cualquier producción
que requiriera de mis servicios. Pero nunca me llamaron para galantear con mis
atributos serranos (esnif…). Lo que hicieron fue llamarme para rodar un
documental histórico, así que terminé vestido en pijama de época, luciendo
bigote y paseándome descalzo por la cubierta de un barco de vapor en Devonport,
mientras la encargada de maquillaje me rociaba con agua cada dos por tres (se
suponía que el barco estaba naufragando). Menos mal que tenían unas batas más
gordas que un saco de cemento, que si no a los que estábamos empapados nos
hubiera dado una hipotermia…
Y poco más. Fui a ver al Circo del Sol cuando estuvieron por Auckland
(geniales, como siempre), estuve en el concierto de The naked and famous con ocasión del cumpleaños del asturiano
fanático de la música indie (el grupo tiene canciones chulas, pero o tienen un
directo un poco pobre o el montaje de sonido de la sala fue demasiado funesto),
fui al teatro con la valenciana contable a la que le gusta el hiking a ver el
ballet de La bella durmiente (ni me
acordaba de la historia, jurl!), me tocaron un par de entradas para ir a ver la
entrega de los premios de la música neozelandesa (es lo que tiene rellenar
entrevistas de tu operadora de teléfono móvil), y también tuve la ocasión de ir
al Last Night of the Proms, un
concierto de música clásica. Por cierto, una de las iniciativas veraniegas que
más me gustan de Auckland, a pesar de que a estas alturas el sol todavía se
esté haciendo de rogar, es que todos los viernes hay cine de verano gratis en
una zona del puerto que han rehabilitado. Basta con llevarse las esterillas y
sentarse sobre el césped para ver la película, que proyectan sobre la pared de
un gran depósito.










Cosa cuarta: La vida kiwi en forma de
rugby. Sí, ya sé
que hace mogollón de esto, pero es que una promesa es una promesa, y aunque
tanto a sin embargo
como a Juampe
probablemente se les haya olvidado, al menda no. El caso es que como todo el
mundo sabe (o debería), el deporte nacional de Nueva Zelanda es el rugby, y
este año además tuvieron la oportunidad de organizar el mundial. Y también de
ganarlo. La única pincelada de tristeza en todo esto fue el terremoto de Christchurch,
ya que los daños producidos en el estadio privaron a la ciudad de acoger
partido alguno.
Como uno es
pobre y los ahorros no le dan para más, tuvo que conformarse con un billete
para ir a ver uno de los partidos de clasificación, en este caso el partido
Francia-Japón, ya que al jugar los gabachos se suponía que iba a ser uno de los
más contundentes. Fui con la arquitecta que estuvo trabajando en la India y su
novio gabacho que recoge agua de lluvia; era la primera vez que iba a un partido de
rugby y la verdad es que me gustó mucho a pesar de que no me enteraba del todo
de lo que estaba pasando (es obvio que tienen que llevar la pelota desde su campo
al del contrario sin pasarla hacia delante, pero el resto de detalles son para
mí enigmas indescifrables). Lógicamente, mi forofismo se decantó por el país que me acogió durante un año, aunque llevaban todas las de perder. Pero weno, tengo que decir que
si bien la diferencia en el marcador terminó siendo bastante grande, los
nipones no les pusieron las cosas fáciles y los franceses tuvieron que sudar
para asegurarse el resultado.











Por cierto,
yo creía que los franceses eran gente más civilizada que los burdos nosotros,
pero después de haber presenciado esto, o yo siempre he salido con gente
demasiado cándida o tenemos una fama que no nos merecemos… Hacía tiempo que no
veía formarse tal escándalo en un autobús…
El caso es
que en un alarde de éxtasis kiwi les dio por polinizar el centro de Auckland
con pantallas gigantes para que nadie se perdiera el partido, así que si tenías
la suerte de formar parte de la marabunta que conseguía entrar antes de que cerrasen
el recinto del Cloud, podías
disfrutar del partido y sentirte gota de mugre entre tanta marea humana. En
caso de necesidad extrema de ir a los cagaderos de plástico o a la barra,
contar con media hora de trayecto por lo menos. Bueno, admito que en el caso
del partido Australia-Sudáfrica no fue para tanto, pero es que tampoco estaba
tan abarrotado como por ejemplo el Francia-Gales...



Y weno, qué
vamos a decir de la final… No negaré que estuve a punto de infarto en varios
momentos, pero al final los All Blacks
se impusieron a Les Coqs, y la locura
se desató en todo Auckland (y yo diría que en toda Nueva Zelanda). Según mis
amigos kiwis no cabía la derrota, o mejor dicho, no querían pensar en los
destrozos ni en la quema de mobiliario urbano que conllevaría. Describían algo
parecido a la guerra de Vietnam. Habíamos quedado en un bareto y entre birra y
birra nos agarramos una moña de campeonato, además habían cortado la arteria
central de Auckland, Queen Street (sigo diciendo que esta ciudad ganaría
mogollón si convirtieran media Queen Street en una vía peatonal), así que las
celebraciones se sucedieron en la calle hasta altas horas de la madrugada, así
como en los pubs de toda la ciudad. Al día siguiente a mediodía los jugadores desfilaron
por el centro, pero a esas horas la civilización ya había vuelto a Auckland.














Cosa quinta: La vida en Wellington. Y sí, también sé que de esto hace todavía
más. Casi seis meses, vale. El caso es que como dos de mis jefes tienen sus cuarteles
generales en Lower Hutt, pues me toca bajar por Wellington de vez en cuando. La
última vez que me pasé por los laboratorios estuve tres semanas preparando
muestras, el 80% del tiempo dedicado únicamente a pulirlas. La pulidora
industrial y yo desarrollamos una especie de afecto mutuo que hacía que yo
supiera cuándo tenía que cambiarle los paños para que me devolviera mis
muestras de titanio tan espejadas como para quemarme las cejas con la linterna
del móvil. Las reflexiones de fuentes luminosas pueden llegar a ser una amenaza
muy seria, en efecto.
Uno de mis
jefes es indio y el otro es kiwi, pero no sé por qué extraña razón cuántica hay
bastantes estudiantes gabachos, entre ellos el reunionés encargado de explicarme
el funcionamiento del implantador y la bretona que trabaja en cerámicas
conductoras, así que mi lengua de trabajo pasó a ser el francés. El tiempo que
estuve por allí me alojé en la residencia que tienen a la entrada del complejo
(levantarse y trabajar con una vista así merece la pena, es como estar casi
dentro de un monte), compartía casa con una francesa en prácticas y un estudiante
indio de doctorado, y dada la cercanía tardaba tres minutos en ir de casa al
implantador, cinco si me quería acercar hasta el taller de cerámica.
Yo, tierno
puñado de inocencia, había ido con la idea de fabricarme mis sesenta y pico
muestras, pero al final sólo me dio tiempo a obtener unas treinta, incluidos los
fallos imprevistos (no está de más analizar las cagadas, a veces contienen más
información que los experimentos que han salido bien). Y de esta forma se
consumió mi juventud durante esta estancia. Bueno, también un fin de semana organizamos
una fiestuki en casa (cociné tortilla!! cómo molo!!), otro día fuimos a comer a
un mongol, y otro finde fuimos a dar un voltio por el Mount Victoria, desde donde pudimos ver una panorámica de la bahía a
la vera de la que nos habíamos paseado momentos antes. Ah, también fuimos a
visitar el museo de la empresa neozelandesa de efectos especiales que participó
en varias películas de Peter Jackson, entre ellas Bad Taste, Braindead (es
España la titularon Tu madre se ha comido
a mi perro) y la trilogía de El señor
de los anillos, pero se me olvidó la cámara y no tengo pruebas con que
demostrar esta proeza.
















Y weno,
para terminar este popurrí, la colección de imágenes graciosas que viene siendo
habitual en las últimas entregas…
Para
empezar, presentamos a CASPA en concierto:
Una playa a
la que yo me pensaría muy mucho el ir por lo antihigiénica que parece:
Las
iglesias que se construyeron a base de erecciones (o eso parece dar a entender
el letrero lol):
Las
vinagretas(-etas) terroristas:
La
publicidad de las JMJ, que llegó hasta el Burger King de Aotea Square en forma
de panfleto:
Y como con
CASPA no era suficiente, también se pudo ver por Auckland a LAS TETAS en
concierto (junto con los ladrones, las raquetas, y dj tina volteamesas):
La marca exclusiva
solo en casa (pronunciarlo a la
española):
El elefante
Papo (o la jirafa, o el león, o el leopardo, no me queda claro), por supuesto
dedicado a Christian:
Las
chocolatinas Moro:
Una de
nombres de calles (por supuesto, que no tienen desperdicio):
Y no podían
faltar unas fotillos de cierta mercancía que recibí cuando todavía estaba
viviendo en el centro:
Para la
próxima entrega, espero que dentro de no mucho, las crónicas de la Isla Sur. Con
una compañía insustituible. La de mi padre.