Después de haber aterrizado en el aeropuerto de Phuket, tuvimos la brillante idea de querer dirigirnos en bus a nuestro destino, Patong Beach, es lo que tiene un viaje planeado con low budget… Aunque pensándolo bien, creo que esta vez hubiera sido más económico haber optado por pillar una minifurgoneta que nos hubiera dejado a la puerta del hotel. Son un poquito más caras que los autobuses, pero comparativamente más baratas que los taxis, y caben unas diez personas dentro, apelmazadas pero no apelotonadas. El caso, que por la cosa precio al final nos decidimos por el autobús, habíamos leído en internet que había que pararse no sé dónde y luego coger desde ahí otro autobús hasta Patong Beach, o bien podíamos ir hasta la ciudad de Phuket y luego pillar allí otro bus, aunque de esta última manera se tardaba más tiempo. Nos subimos en el autobús, de esos típicos tailandeses, y nos paramos donde nos dijo la wena mujer que se encargaba de repartir los billetes, casi en medio de una autopista.
El lugar era un centro comercial en medio de ningún sitio, así que según llegamos preguntamos dónde quedaba la parada de autobuses que iba hacia Patong Beach… Inocentes… Efectivamente, en cuanto vieron la cara de turistas que teníamos, empezaron a ofrecernos taxis y formas diversas de llegar a nuestro destino, ofertas que íbamos declinando mientras buscábamos alguna marquesina, algún palo con un dibujito de un autobús, o gente haciendo cola en algún lugar. Así preguntando, nos dijeron dónde quedaba la parada, y efectivamente, la especie de camioneta rosa chillona (amos, lo que se suponía que era el autobús) estaba allí, aunque hacía ya un par de horas que se había acabado el servicio. Total, a coger un taxi o similar. El precio oficial era 350 baht, pero dio la casualidad de que un tailandés, que hacía rato que nos veía andar de acá para allá con las maletas, nos dijo que nos podía llevar él en su coche (por cierto, un rato antes se había parado a nuestro lado un coche donde iba toda la familia, se ofrecieron llevarnos por un precio más alto que el del propio taxi…).
Estuvimos negociando con el tipo, weno, más que nada le dijimos que no le íbamos a dar más de 300 baht, y el tío emperrao en que le diéramos 350, nos decía sí, sí, trescientos está bien, y luego según íbamos al coche, volvía a la carga con los 350, y yo le soltaba, que no, que no, que trescientos, y ya cuando estábamos casi metidos dentro, se reafirmaba, como quien no quiere la cosa, ¿trescientos cincuenta entonces? Yo ya me estaba cabreando, porque si hay algo que me toca los cojones es que me tomen por el pito del sereno. Weno, sinceramente, y por analogía, lo que me hincha las pelotas es que me pregunten por algo, conteste con mi punto de vista, y luego me intenten hacer cambiar de opinión (con lo voluble que yo soy!!); es signo de hipocresía y egoísmo, de hago que tengo en cuenta lo que piensas, pero realmente me importa una mierda y vamos a acabar haciendo lo que a mi me dé la gana, sólo te preguntaba para quedar bien y que te pienses que al final el que has tomado la decisión has sido tú. Ale, que ya me he desviado del tema. El caso, que le solté al tipo que o dejaba de insistir o nos bajábamos del coche. Y creo que le parecieron más atractivos los trescientos baht, ya que un cuarto de hora después estábamos sacando las maletas y entrando en el hostal. De todas formas, el buen hombre no cejó en su empeño de sacarse algo más de pasta, resulta que yo llevaba el bote y cuando fui a pagarle saqué todos los billetes a la vez, habría unos 400 baht, y el tío me señaló los billetes de veinte, weno, podemos dejarlo en trescientos cuarenta me decía, y yo le dije que nanay, que habíamos convenido que trescientos, así que eso era lo que le pagaríamos. Un poco cansino sí que fue, para qué vamos a negarlo…
Justo en la entrada del hostal, en una de las paredes, había un cartel en el que se podía leer se vende inmueble (qué mal rollo, ¿se estará cayendo de viejo? fue lo primero que pensé). Se accedía directamente desde el exterior a la recepción, sin atravesar ninguna puerta, directamente desde la calle, un escalón por aquí, se sortean un par de mesas, y hola, teníamos reservadas tres noches. El hombre que nos atendió debía tener unos cuarenta y pico cincuenta años, bajito, delgaíto, luciendo canas, y con unos ojos azules que por más que quisiera no hubiera pasado por tailandés. Nunca le preguntamos pero teníamos la sospecha de que era italiano, por el acento que tenía hablando inglés. El buen hombre nos dijo que aunque hubiésemos reservado una habitación de las cutres, como tenía mazo de sitio y no se le iba a llenar, pues que nos iba a dar la suite deluxe (a ver qué os vais a pensar, que aquello seguía siendo un hostal!!), así que mira qué bien! Desembarcamos, sacamos lo necesario, duchita, y a cenar algo, que yo en este punto ya estaba famélico. No fuimos al McDonald’s, pero es que no pude reprimirme...
El sitio en el que nos encontrábamos, Patong Beach, a un rato de la ciudad de Phuket, es conocido por la marcha nocturna. Todo el cachondeo, comercio, bebercio, puterío, y cualquier cosa sexualmente imaginable, se concentran en torno a una calle, Bangla Road, que desemboca en el paseo marítimo, de día una calle cualquiera con sus mercadillos y demás, y de noche, cerrada al tráfico, sus múltiples recovecos albergan todo lo necesario para vivir una auténtica noche descontrolada de sodoma y gomorra. En cuanto te ven cara de extranjero, te empiezan a ofrecer de todo, ya sea pagar para no pasar una velada triste y solitaria, tengo chicas guapas, sexo, sexo, barato, por aquí, por aquí, descuentos para entrar a locales, copas a 50 baht hasta las once, sin pagar entrada, tabaco, ¿cigarrillos?, o cualquier cosa consumible, mire este artilugio de ésos de los chinos que nadie sabe exactamente para qué sirve! Ya perdí la cuenta de las veces que me pusieron en las narices un panfleto con unas fotillo de chicas ligeras de ropa…
La prospección del terreno, aparte de por propia curiosidad, también tenía que ver con la búsqueda de algún sitio para tomarnos algo. Y según nos pateábamos Bangla Road, más o menos hacia la mitad, vimos una calle perpendicular en la que te daba la bienvenida una plataforma invadida por tailandesas cachondas meneando sus cuerpos sudorosos (sí, seguía haciendo un calor tremendo y una humedad acojonante…). Así que nos dijimos que cualquiera de las terrazas que había en esa calle serían perfectas para tomarse una cañita. Mientras caminábamos en busca de sitio, las chicas (toas putas, sí; o si no, el 95%) nos iban agarrando e intentaban llevarnos hacia sus respectivos negocios, pero después del garbeo nos acabamos sentando a tomar una cerveza en una de las barras que quedaba cerca de la plataforma. Fue dar a entender que nos sentaríamos allí, y antes de que pudiéramos reaccionar, una chica requetemaquillada, con llamativas lentillas azules y que no paraba de mirarse en un espejito que metía y sacaba compulsivamente del bolso, casi nos agarra por el cogote y nos sienta en la mesa con ella… Fue sentarse y aparecer otra hembra, para que el grupo estuviera equilibrado…
Y weno, la anécdota viene a continuación. Resulta que al ver a las chicas más de cerca, nos dimos cuenta de que eran lo que allí llaman ladyboys, léase, un término genérico para designar tanto a travestis como a transexuales (llamadme lerdo, pero no sé si existe un término en castellano que englobe ambos significados, además es muy difícil decir a simple vista si sólo les gusta vestirse de mujer o se quieren cambiar de sexo, por muy buenas tetas que luzcan). Y claro, analizando más en profundidad la plataforma y los alrededores, nos dimos cuenta de que la calle aquella era un sitio especializado en ladyboys. Una de las chicas se notaba enseguida de que en algún momento de su vida había sido un hombre, las facciones masculinas, los hombros anchos, mientras que para la otra estuvimos veinte minutos debatiendo, hasta que nos fijamos en algo que la delató, su nuez. Tampoco me sorprendió que nos costara darnos cuenta, es asombroso, aquí en Asia mucha gente tiene los rasgos y trazos corporales tan finos que a veces es difícil decir si son hombres o mujeres (esto me lo he preguntado varias veces viajando en metro de Tokyo…!!!). Majas ellas, eh…
Tengo que admitir que me sorprendió mucho lo integrados que están los transexuales en la sociedad tailandesa, supongo que tendrá algo que ver en que sea el primer país del mundo en operaciones de cirugía de reasignación de sexo (si no me equivoco, el segundo es Irán, país islámico y conservador en el que se aplica la pena de muerte, pero donde las operaciones de cambio de sexo reciben financiación estatal…). Aparte de en la animada Phuket, ejerciendo de damas de compañía (qué eufemístico puedo llegar a ser a veces…), te puedes encontrar transexuales en cualquier sitio. Recuerdo que en el restaurante donde estuvimos con nuestra ex-profesora de japonés, una de las camareras, majísima y atentísima ella, era transexual, y también una de las que nos dio el masaje tailandés (tengo que hacerme con la dirección de algún sitio donde lo hagan cuando llegue a España). Digo que me sorprende tanto porque en occidente tenemos la manía de erigirnos en defensores de la libertad y aceptación de las minorías, se nos llena la boca con la aprobación del matrimonio gay, la ley de identidad de género o la ley de igualdad, pero luego a nivel social podemos llegar a ser de lo más paleto e ignorante. Vale que en Tailandia no tengan estas leyes (por supuesto que son todo un avance), pero empezaré a creer que algo ha cambiado en España cuando un maromo con tetas me despache el pan en la panadería de mi barrio o cuando vea a una pareja de lesbianas comerse los morros en el parque de al lado de mi casa. De todas formas, no hace falta irse hasta Getafe, en algunos barrios de Madrid tampoco se ven estas cosas…
Y weno, después de acabarnos los botellines, nos fuimos de vuelta para el hostal, el cansancio del viaje se acumulaba, y al día siguiente había que levantarse temprano para ir a visitar las islas turísticas cercanas a Phuket.
Tanto de Bangkok como de Camboya sí que teníamos una vaga idea de los sitios que visitar, pero en Phuket íbamos un poco a la aventura, sin saber exactamente con qué nos encontraríamos. Sabíamos que era un sitio turístico de sol y playa, a mi no es que me acaben de gustar este tipo de vacaciones, pero weno, me dije que tres días de descanso tampoco estarían mal. Mientras hacíamos el transbordo en el aeropuerto de Bangkok, nos ofrecieron un tour guiado por las islas, y aunque yo me mostré un poco reticente en un principio (no me mola lo de coger ofertas sin comparar precios, además, me mola ir bastante a mi bola), al final acabamos embarcados en un viaje a la isla de Koh Pha Nghan. Ya por la mañana del día siguiente, vino a buscarnos una minifurgoneta a las puertas del hostal, y luego fuimos paseando de hotel en hotel (eso sí que eran hoteles, comparados con nuestra suite deluxe), recogiendo a los demás participantes, dos brasileñas despampanantes (que además viven en Japón), una pareja de singapurenses, y cinco o seis israelíes tremendamente ruidosos.
Una vez en el puerto, desde donde cogeríamos el barco, tuvimos que esperar a que llegaran todos los demás implicados en la magna aventura. El lugar, al lado de un chiringuito, ideal para consumir. Cuando se hubo reunido toda la tropa, nos montamos en una especie de minicamión abierto por la parte de atrás, y diez minutos después, ya en barco, poníamos rumbo a las islas.
Mi primera reacción cuando me monto en barco, salvo que esté matao y me quede dormido, es salir a la cubierta a que me dé el aire. Aunque haga un frío de cojones. Y éste caso no iba a ser menos. Nos explicaron un par de cosas acerca del tour que íbamos a hacer, movidas de seguridad y demás, y en cuanto se puso la intérprete rusa a volver a explicar lo mismo que había explicado el tailandés en inglés, pues como efectivamente no tengo ni papa de ruso, pues me agarré la crema solar y me deje caer por la cubierta. Misión: sentir cómo la brisa marina me golpea la cara, quedarme embobado con el paisaje salpicado de islotes coronados por estalactitas, respirar salitre que se incrusta en el cerebro, jugar a tocar el agua con los pies asomando por la borda… Efecto secundario: torrarse de calor, sudar como un cerdo, y adquirir un bronceado homogéneo, sólo patrocinado por Soluciones Cooper S.A.
Una de las actividades consistía en visitar la cueva del diamante, se trata de una isla hueca, a la que se accede navegando a través de una cueva (lo hicimos en canoa!), y en cuyo interior hay un pequeño manglar. Todo muy bello y sugerente, aunque si no hubiera habido turistas (sólo yo, jeje), hubiera sido un lugar perfecto para perderse en ensoñaciones. Efectivamente, no se me ocurrió mejor idea que llevarme el fardahuevos en vez de las bermudas...si es que cuando uno no tiene muchas luces, pues no hay nada que hacer!
Después de esta cueva, fuimos a visitar otra isla hueca, salvo que en ésta no había manglares en el interior, sino una gran laguna marina.
Próxima parada, un isla con un famoso peñón pseudoflotante donde se rodaron escenas de la película de James Bond El hombre de la pistola de oro. Unas escaleritas te conducen por diversos sitios, rodeando la isla, y llegan a unos miradores desde los que observar el espectáculo visual de mar, vegetación y sol. No pude reprimir mi antiguo instinto nadador y al final acabé nadando hasta la base del peñón…
El colofón final del viaje fue otra isla, esta vez sólo la rodeamos en canoa, pero le dijimos a nuestro conductor que si se tiraba el moco y nos dejaba remar un rato a nuestro aire. Llevar una canoa parece fácil, o si no, que le pregunten al zebiriano…
Y de vuelta al puerto a montarnos en nuestra querida furgoneta… Nótese cómo, mientras esperábamos a los israelíes que habían ido a una excursión distinta, el zebiriano se mezcla con los nativos jugando a algo parecido al fútbol, pero con una pelota hueca de madera entrelazada…
Llegada, ducha, y plan del día siguiente, en este caso, una excursión organizada a la isla de Koh Phi Phi. La noche de Phuket se resolvió con un Burger, un botellón a la vera de la playa, y una discoteca que parecía menos sórdida que otras que anunciaban por la calle. Por supuesto, llena de inglesas borrachas y enrojecidas hasta la pituitaria, y galanes extranjeros buscando fortuna para follar esa noche y no tener que pagar. Aquí en Phuket, sobre todo, prima la ley de que si alguna tailandesa te entra en una discoteca, es alta la probabilidad de que te pida dinero después de unas cuantas caricias y unos gemidos de placer ahogados a ras de tu oreja.
El procedimiento de nuestra excursión a Koh Phi Phi fue el mismo que el de Koh Pha Nghan. Recogidos en furgoneta, llevados al puerto, y a esperar a que apareciéramos todos los implicados. Si bien en la otra excursión fuimos los primeros en subir, esta vez nos tocó los últimos, dentro ya iban dos parejas singapurenses y una indonesia, majísmos tos ellos, y de los que nos hicimos amigüitos a lo largo del viaje. El guía que nos tocó esta vez, casi en los cincuenta diría yo, era más afeminado y perdía más plumas que un pollo a cuarenta grados bajo el sol. Es más, nos decía que le llamáramos Beautiful Lucyyyyyyy!!!! cuando nos dirigiéramos a él… No sé por qué fui al único al que no le pareció gay el buen hombre, creo que todo era cosa de caer en gracia al personal para que después le dejáramos más propina… El caso, esta vez, el viaje no lo haríamos en barco sino en lancha motora, la primera vez que me subo en una cosa así, hay que ver los tumbos que da, qué jodido es sacar fotos, sobre todo si eliges que tu sitio esté en la cubierta (lógicamente en mi caso)…
…una de las lagunas saladas, de aguas cristalinas…
…parada técnica en una de las playas, abarrotada hasta el culo de gente, y donde lo único que había eran chiringuitos para consumir compulsivamente (aparte de palmeras y otras especies de lechugas tropicales).
…un rato de snorkeling en unas aguas calmadas, suficientemente profundas para que sea difícil alcanzar el fondo sin que te empiecen a doler los oídos, más alejadas de donde suele ir toda la gente…pececillos de colores fosforitos nadando a tu vera, corales anclados al fondo que se dejan mecer por la corriente, peligrosos erizos de mar de púas jodidamente afiladas; silencio, sólo oigo mis pensamientos bajo el agua, sólo soy consciente de cómo tomo aire para volverme a sumergir, porque sólo quiero ver todos esos detalles y no perder el tiempo respirando, y porque sólo veo cosas maravillosas, pero durante los segundos en los que mis ojos pierden el cielo de vista [nota mental: en algún momento de mi vida quiero hacer submarinismo y dejarme maravillar por la belleza de algún fondo marino todavía virgen. Ir ahorrando]
Después de comer en una especie de resort de otra de las islas, nos dirigimos a nuestro último destino, un pequeño islote playero. Ni que decir tiene que a mi me pareció lo más cutre de todo el viaje, pero weno, qué le vamos a hacer. Después de patearnos la isla y comprobar que en los fondos de la playa no quedaba ni un coral vivo (…vaya pena…), pues decidimos sentarnos tranquilamente a comer sandía y piña, que era lo que estaba repartiendo el guía del viaje. Por cierto, según nos explicó uno de los tailandeses encargados de la embarcación, las medusas sólo pican por los tentáculos, y para convencernos, agarró por la cabeza a una que circulaba por allí, y como si nada…no sé si yo me atrevería…
Y weno, vuelta a Patong Beach, ducha, descanso…
Resulta que la chica indonesia se hospedaba en un hostal que estaba al lado del nuestro, así que quedamos con ella para ir a cenar. Después, le enseñamos un poco el ambiente de Bangla Road, y al final acabamos yéndonos todos a bailar al garito que ya habíamos hecho nuestro (repito, era de lo menos sórdido que había por allí…). Por cierto, fue gracioso, como nuestra amiga parece tailandesa, creo que más de uno tuvo la impresión de que éramos clientes suyos… También se apuntaron más tarde los singapurenses, no vivían cerca, pero es que admitamos que interné es algo maravilloso…
Especialmente por la noche, llama la atención la cantidad de parejas de edades dispares que se pueden ver paseando por la calle. Normalmente él, occidental entrado en años, casi cuarenta, pero a veces hasta de más de sesenta, agarrados de la mano con tailandesas cándidas dos palmos más bajitas, no necesariamente lumis, y casi recién cumplidos los veinte. También pueden ir agarrados del brazo, él, la mayoría de las veces, endiosado, con la frente bien alta y pavoneándose de lo buena que está y de lo guapa que es su novia, sin darse cuenta de la imagen de chuloputas que proyecta; pero también existe algún otro con mirada sincera y tímida, falto de amor, o simplemente de cariño humano, con ganas locas de que alguien le abrace después de echar un polvo, aunque sea pagado, de sentirse deseado, mirado con lascivia, o simplemente, de oír una palabra zalamera, aunque sepa que es mentira. Ellas, ellas siempre parecen no estar, miran, pero no quieren mirar, sujetan a su borracho, pero bien le dejarían caer al suelo, dicen qué guapo eres, pero su cuerpo se estremece en orgasmos al recordar la imagen de su vecino tailandés. Son parejas para mi extrañas, separadas por varias generaciones, con una conexión mental casi nula, pero en la que cada parte encontró algo que anhelaba. Y lo que más me desajusta los esquemas es que ambos saben cuánto hay de falso en su relación, y aún así, siguen estando juntos.
El último día que pasamos en Phuket lo hicimos en plan tranquilo. Acompañados por nuestra colega indonesia, nos dedicamos a ir al mercado, a comer algo típico tailandés, y, después de haber cenado, a volver a salir por la noche al mismo sitio de siempre (probamos uno nuevo, pero efectivamente, sentarse = pagar una señorita, así que volvimos al de siempre). Los singapurenses me habían dicho que había un show muy famoso en Phuket, el Simon Cabaret, interpretado por ladyboys, así que como el zebiriano y la indonesia no estuvieron disponibles durante la tarde, pues al final me fui yo solo a verlo. Estuvo interesante, a nivel musical, mejor no comento nada (weno, sí, el momento inesperado de playback de Mónica Naranjo…!!), pero eso se compensaba a nivel estético, con sus trajes de lentejuelas, vestidos imposibles, plumones gigantes y maquillajes espléndidos. No pude sacar fotos dentro del teatro, pero sí algunas fuera, donde todas posaban para una foto con el/la que estuviera dispuesto/a a desembolsarse 20 baht. Por cierto, he descubierto que soy irresistible, para que voy a negar lo evidente[introducir risa malévola], resulta que a mi izquierda había una pareja malasia, y se estaban sacando fotos entre ellos, así que yo les dije, ¿queréis que os saque una foto juntos?, y la chica toda emocionada va y me suelta ¡no!, ¡pero yo quiero sacarme una foto contigo!, y weno, a partir de ahí fue cuando empezamos a hablar y me enteré de que eran malasios jeje. También comprobé que lo de las parejas mayor/joven no es algo exclusivo de heteros, a la derecha tenía una pareja de gays dados de la mano, el tailandés, creo que tendría mi edad o treinta y pocos, y el otro, un franchute super turbio, mezcla de Paco Porras y Juanito el Golosina, que sólo de verlo daban escalofríos…
Y weno, nuestro último día por allí empezó como habían empezado los dos días anteriores: lloviendo a cántaros. Sólo lo hacía por la mañana, durante media hora, y luego el resto del día hacía un tiempo soleado y despejado, siempre con una alta humedad. Esta vez, para no sufrir ningún contratiempo como en nuestra llegada (no es lo mismo llegar al hostal que tener que llegar con tiempo al aeropuerto), decidimos coger una de esas minifurgonetas, que pa qué nos vamos a engañar, es la mejor opción en vez de un taxi cuando no se tiene mucha idea de cómo van los autobuses. Además, encontramos la solución más barata después de preguntar en todas las agencias de viaje de los alrededores jeje… Tanta fiesta y tanto cansancio acumulao hicieron que el zebiriano se quedara irremediablemente dormido mientras esperábamos al avión de Air Asia…
Siiiiiiiii si fuese soltero iría sin ninguna duda para Tailandia y más aún por ser un país accesible en costos y demas aaahhh!!!! jajajaja
ResponderSuprimirMe causo gracia la anécdota de los trabas (trabestis), realmente no me hubiese imaginado nunca que esas, esos, bue lo que sea, eran trabestis. Generalmente cuando voy caminando y me cruzo a uno de ellos siempre me queda la duda de... esta gente ¿vendrán con regalo o el regalo lo dejaron en la sala de operacines? porque en caso de arrepentimiento ¿¿¿cómo hacen para recuperarlo??? De todos modos no quisiera averiguarlo personalmente ya que las consecuencias podrían ser peligrosas y hasta irremediables.
Me encantó la entrada que hicieron a la "Cueva del Diamante" aunque también la note un poco peligrosa a primera impresión, quizás por ser en el agua, quizás por tener el techo muy bajo, por ambos motivos me dió la impresión de que se caiga encima la montaña y termine muriendo aplastado y ahogado, lo cual lo consideraría casi una "Fatality" de Mortal Kombat.
Lo de Beautifull Lucy me descostillo de la risa jajajajajaja eso fué terrible.
Mu linda experiencia aun que muchisimas cosas en muy poco tiempo, mi cuerpo no lo toleraría.
馬丁: Ya te digo, estuvo todo muy divertido, aunque yo también empiezo a estar un poco mayor para tanto trote... En cuanto a lo de los transexuales, si te digo la verdad, a no ser que te lo digan, creo que no se puede saber si se han operado o no. Yo no me imagino estando en su pellejo, debe ser muy jodido y frustrante sentirse de un género y comprobar que tu cuerpo es de otro, así que no creo que los/as que deciden operarse hayan tomado la decisión a la ligera... Lo de la cueva fue una de las cosas que más me gustó, aunque si algún día tengo que volver por aquella zona, me encargaré de visitar lugares que no estén invadidos por turistas!
ResponderSuprimirUn saludo y muchas gracias por comentar!
me gustaria saber q tal las mujeres cuanto cobran y en los oteles si te dejan meter chicas y si ai muchas chicas jovencitas yo tengo 23 años y me refiero a mas jovencitas q yo gracias
ResponderSuprimir