Hace poco que vinieron a pasar unos días por Madrid la polaca que no tolera el frío y el italiano que tiene un piercing en el cuello, así que aparte de estar de farra insana durante casi seis días sin parar (de jueves que llegaron a martes de fiesta nacional, vomitonas incluidas), decidimos que sería una buena idea ir a pasar el día a Toledo (lo siento por los segovianos, pero al final los manchegos ganaron la puja por el sitio interesante fuera de Madrid).
Las últimas palabras que escuché a eso de las once y media de la noche en las Cuevas del Sésamo fueron mejor quedamos mañana por la mañana a eso de las diez y media, que yo tengo que irme a pasar la noche al aeropuerto y si quedamos antes voy a tener que aguantar sin dormir más de treinta y seis horas… Yo me había comprometido a llevar el monovolumen de mis amores, así que me fui antes de que cerraran el Cercanías. Con unos años menos me podría haber ido de pingo toda la noche y luego haber aguantado el viaje conduciendo (eso hice la vez que me pegué el viaje de Andorra a Madrid con veinte añitos, pero era yo un jovenzuelo, si intento hacer lo mismo ahora me hubiera estampado contra algún hipopótamo tras quedar dormido al volante), pero como que uno se va haciendo mayor…
Las primeras palabras que escuché cuando fui a recoger a mis vulcánicos a la Renfe de al lado de mi casa fue qué bien qué coche más grande, hay sitio para dormir! [introducir gota] ¿pero no ibais a recoger pronto? [introducir gota] ya, pero se nos complicó la noche. A los diez minutos habían caído todos como moscas. Al menos el mostoleño, que se había vuelto a la misma hora que yo la noche anterior, me dio conversación hasta que llegamos a Toledo… No sé qué tiene la Kia Carnavales pero cada vez que llevo a alguien me acabo sintiendo como un taxista, todo el mundo se duerme en algún momento, aunque sólo sean cinco minutos. Pero no me importa. Me encanta conducir.
Lo bueno de hacer un viaje a Toledo un día de fiesta nacional es que es gratis aparcar. El hermano del mostoleño nos había confeccionado una ruta para ver los sitios más importantes de la ciudad, pero al final, contando con el tiempo que teníamos y el estado en el que se encontraba más del cincuenta por ciento de la tropa, pues nos fuimos a desayunar.
El resto del día se sucedió tranquilamente visitando la ciudad de Toledo. Empezamos por la sinagoga de Santa María la Blanca, donde al ir a comprar la entrada descubrimos que por ocho euros podías comprar una pulserita para entrar en más sitios. Parecía que de no saber a dónde ir, de repente teníamos ya casi hecho el itinerario para todo el día juas juas… Al final fueron desfilando ante nuestros ojos el monasterio de San Juan de los Reyes, la iglesia de Santo Tomé, la iglesia de los Jesuitas y la mezquita del Cristo de la Luz.
Si hay algo típico en España es comer de menú. El otro día leía en un blog que un inglés se quejaba porque decía que cuando estuvo en Madrid no había variedad gastronómica, y que siempre acababa comiendo bocadillos. Como pa darle tobas con un armadillo borracho hasta abatirle, por gilipollas. Supongo que iría solo el buen hombre, porque como hubiera tenido amigos españoles, era para abatirlos a ellos, y dejar después que los buitres se dieran un festín con sus despojos [me sigue sorprendiendo lo cazurro que puedo llegar a ser]. Que me pierdo. Si hay algo típico en España es comer de menú. Así que nos metimos en un restaurante que quedaba cerca de la plaza Zocodover, para que la siguiente parada, el Alcázar, nos quedara a tiro de piedra.
Tengo que decir que el Alcázar me decepcionó bastante, menos mal que al ser fiesta nacional no hubo que pagar entrada… No sé si sería porque estábamos ya un poco cansados o porque yo seguía teniendo en mi retina la imagen de un Alcázar que visité cuando era pequeño, pero el caso es que al ver que lo habían reconvertido en el museo del Ejército y le habían añadido una parte nueva que no pega ni con cola, se me cayó todo aquel mito. Duramos un respiro dentro, el patio y poco más. Y luego la catedral, otra decepción. Había que pagar una entrada de siete euros y pico, sin ningún tipo de descuento ni universitario ni de estudiante, así que al final nos contentamos con verla sólo por fuera. Si es que estoy mu mal acostumbrao a visitar de gratis los museos aquí en Madrid…
Visitando Toledo tuve una sensación extraña. Después de haber estado un año en Asia maravillándome con templos, santuarios, paisajes, comidas, todo tan nuevo, todo tan fresco y excitante, muchas veces me invadía la impresión de que en Europa (creo que especialmente en España) tendíamos a sobrevalorar nuestro legado cultural, y eso me ponía de bastante mala hostia (paradójicamente, cuando nos comparamos con Europa sucede todo lo contrario, parece que a veces nos crece de repente un sentimiento de inferioridad muchas veces injustificable). Pero después de volver a sentir Toledo puedo asegurar que es una maravilla, y ahora sí puedo poner la mano en el fuego con toda la tranquilidad. La tranquilidad que me da saber que soy capaz de apreciar una cultura muy distinta a la mía sin establecer ningún tipo de juicio ni comparación entre ambas.
Me encanta conducir. Furgoneta, y de vuelta. Y adiós a mis vulcánicos.
Hola Cooper tanto tiempo, Toledo es realmente un ESPECTACULO VISUAL realmente, España no será lo que es Argentina en tamaño pero tiene unos paisajes medievales que cada vez que los veo me dejan boquiabierto, siii quiero ir a Españaaa!!!
ResponderSuprimir馬丁: Pues nada, te animo a que algún día te pases por aquí! Y avísame, por supuesto! Yo te avisaré si algún día voy por Argentina jeje, pa que me hagas un mapita turístico.
ResponderSuprimirUn abrazo grande y gracias por comentar!!