Aunque parezca una exageración, aterrizar en el aeropuerto de Auckland es como hacerlo en La Comarca. La del Señor de los Anillos, se entiende. Es todo súper verde, lleno de arbolicos y palmeras, y da la impresión de que en cualquier momento va a aparecer Theoden, hijo de Nósequien [sí, sí, con tilde en la o], a lomos de su amado corcel, invitándote a tomar parte en la lucha por el futuro de la Tierra Media. Lo único que emborrona esa sensación es el control de pasaportes y el chequeo de Bioseguridad (lo de intentar colar comida es misión imposible, y si te pillan, multa gorda). Siempre que el acordeón tiene que pasar por alguno de estos controles de rayos me hacen la misma pregunta, ¿eso que llevas es un instrumento? ; sí, es un acordeón. Y sorprendentemente, nunca me han hecho abrir las maletas para verificarlo (salvo en el aeropuerto de París, pero es que los gabachos son para echarles de comer aparte). Incluso durante el paseo en autobús hasta el centro de Auckland desde la terminal internacional del aeropuerto, que queda en Manukau, tenía la impresión de estarme dando una vuelta por La Comarca.
Madrid está de Auckland a algo así como veinticuatro horas de vuelo, tal cual. Con Emirates, saliendo un lunes a las dos de la tarde se llega un miércoles a la misma hora, local, por supuesto. Entre medias, dos paradas técnicas, la primera de ellas de diez horas en Dubai, parece mentira cómo a las doce de la noche hay riadas de gente asaltando las tiendas del aeropuerto…por cierto, lo de las tumbonas en la terminal debería ser obligatorio en todos los aeropuertos del mundo. La segunda, de apenas tres cuartos de hora, en Sydney. Y lo de montarse en un A380, toda una gozada. Es asombroso que un bichote de tales proporciones haga un ruido casi nulo al despegar y al aterrizar. Suave, suave. Tecnología made in Europe jeje.
La primera impresión nada más salir de la terminal para ir a coger el autobús fue coño, qué calor hace, y vaya humedad! Pero weno, después de haber estado viviendo en Japón lo de la humedad y el calor es asumible. La única pega es que yo iba con mentalidad de voy en pleno cambio de estación y allí empezará a hacer frío. Amos, con ropa de invierno en la maleta, y abrigado hasta las trancas. Y tuve que irme quitando cosas según me iba asando cada vez más… Ya se sabe cómo se las gastan los últimos días de septiembre, que aún siendo otoño sigue haciendo un calor tremendo…Al día siguiente había desenterrado la poca ropa de verano que tenía, unos pesqueros vaqueros, y desde entonces no me he vuelto a poner unos pantalones largos. Y eso que llueve día sí día no, pero, salvo por la mañana que refresca, el resto del día las temperaturas son bastante agradables.
Me bajé del autobús cuando me pareció que habíamos llegado al centro. La gracioso de ir a lo loco a los sitios es que nunca sabes con qué te vas a encontrar. En mi caso, como todo lo que planeo me sale al revés (es lo que tiene ser localmente caótico a la par que globalmente estructurado), me terminé dando un paseo de tres horas por el centro de Auckland con las maletas a cuestas, una a la espalda, otra con ruedas que iba arrastrando, y la bolsa de deportes (cuánto ha viajado ya esta última bolsa…). Tenía apuntados varios números que había ido recopilando por internete de posibles lugares donde quedarme temporalmente, todos ellos cerca del centro, en plan un par de semanas para empezar a conocer la ciudad y hacer todo el papeleo de la uni, abrir cuenta bancaria, hacerme con un móvil neozelandés, etc, etc… Pero no tenía nada reservado de antemano.
Pues de los números que tenía, a todos los que llamaba me saltaba el contestador, así que la tarjeta telefónica que me compré en el aeropuerto cayó fulminada al rato. Mientras me paseaba también había estado viendo cosillas, hasta un sitio de backpackers que parecía chulo, pero todos los precios se salían de madre (en uno me pedían 700 dólares por quedarme una semana…mal asunto…me había ido con 1000 dólares de supervivencia hasta empezar a cobrar…). Además, me apetecía una habitación para mi solo, incluso esta opción se me salía del presupuesto donde lo del backpacking, y una cosa es ir de mochilero, que nunca me ha importado, pero otra es ir paseándote con tres maletas y tener que compartir habitación durante una semana o más…Yo si voy de viaje voy de viaje, pero en este caso no iba de viaje.
Después de llevar un rato dando vueltas a ver si encontraba algo un poco decente se paró un taxi a mi lado, un señor pakistaní bajó la ventanilla y me dijo que si me llevaba a algún sitio. Saqué mi hojita con los números y las direcciones apuntadas y le indiqué la única que no se encontraba en el centro de Auckland, y que quedaba a unos cuatro kilómetros de la universidad. Tampoco tenía nada reservado, pero no sé por qué intuía que iba a haber sitio…
El lugar en el que me alojo temporalmente es lo que llaman un lodge (¿traducción al castellano?). Sería así como una especie de hostal para estancias largas, es de madera, tiene cuarenta habitaciones y está dividido en dos plantas. Yo estoy viviendo en la de arriba, a la que se accede por una escalera desde el patio. Según llegué la bauticé como la casa de los hippies. No es que esté viviendo con hippies, pero es que fue lo primero que se me vino a la cabeza cuando entré por el patio con mi boina puesta para hablar con la gerente (el equivalente neozelandés de una choni, puedo recordar perfectamente cómo se le veía la hucha cuando se agachaba para enchufar el portátil en la sala común), y vi que en uno de los bancos, un tipo con pintas de fumao, pelo larguísimo, se dedicaba a dibujar bocetos en un cuaderno gigantesco, y a su lado una chica descalza con el pelo teñido de rojo rasgaba con bastante desgana una guitarra.
En la casa de los hippies cada cual (o cada pareja) tiene su habitación, y luego el resto de las cosas son compartidas por todos, las lavadoras, las neveras, las duchas, los servicios, las cocinas… Tengo que admitir que conceptualmente es una forma de vivir que en España no se estila (si se exceptúa Gran Hermano), vale que mucha gente comparte piso, pero al final como mucho son seis personas metidas en el mismo espacio, no cuarenta en comuna. Sin embargo, lo que más me llamó la atención es que también hay gente mayor viviendo aquí, sin ir más lejos, la señora que vive justo enfrente de mí bien podría ser mi abuela. Y hay otro par de abueletes también instalados en el lodge. Tampoco puedo decir que el resto de la gente sea sólo joven, hay una mezcolanza de edades impresionante, pero lo que más me sorprende es ver que hay gente de más de cuarenta años. Y eso que el sitio se encuentra a las afueras de Auckland, pero bueno, creo que casi todos tienen coche o moto.
Como he estado aprovechando para bajar al centro durante esta semana y pico, pues la mayor parte del tiempo interactúo poco con gente la casa de los hippies. El único con el que hablo un poco más (básicamente cuando coincidimos por los pasillos) es uno de unos cincuenta años que trabaja como cocinero y compone música electrónica. Y de vez en cuando con algunos de los que viven en el piso superior. En general parecen majos, aunque la concentración de tarados / gente rara es superior a la media española (y en las calles de Auckland también, por cierto…no sé si la estadística es aplicable al conjunto de Nueva Zelanda…). Sin ir más lejos, el que vive en la habitación de al lado (todavía no le he visto la cara, y creo que será algo que no suceda nunca…), tiene la televisión puesta 24h, y como debe ser que no ventila bien, pues para que su puerta esté perpetuamente abierta lo que hace es atrancarla con un bote de espray, y además cuelga una toalla de la parte superior (la finalidad de esto último se me escapa, supongo que la pondrá ahí para que se seque…). También hay una chica y un bigardo calvo y retatuado que se ríen estrepitosamente, creo que cuando lo hacen se entera todo el vecindario, y de tanto que se ríen ya no sé si lo hacen porque les apetece o por hacerse los graciosos (siempre llega algún momento en que esa risa no suena natural…). Ya para cerrar la lista, una chica menuda, bajita, pelirroja y muy blanquita de piel, que siempre leva una sudadera azul, anda como un machorro (como si te fuera a dar una paliza en cualquier momento) y fuma como un carretero.
En Auckland viven casi millón y medio de almas si no recuerdo mal. Pero esto puede resultar engañoso, ya que la ciudad también es gigantesca en extensión. El Central Business District es donde se encuentra casi toda la marcha de Auckland, a saber, las tiendas, los restaurantes, los pubs, las universidades, la estación de tren, y el puerto. Y básicamente, como quien dice, son cuatro calles. El resto, las afueras. Para que os hagáis una idea, un día me bajé andando desde la uni hasta la casa de los hippies (hay que atravesar un polígono que son tres cruces) y tardé sólo una hora. Por cierto, ¿cómo reconocer dónde acaba el centro de la ciudad y dónde empiezan las afueras? Pues muy fácil: todos los edificios altos de hormigón se transforman de repente en casitas de madera aquí y allí, casi siempre unifamiliares, cada una de su padre y de su madre, con su jardincito y su plaza de garaje. A veces tengo la impresión de haber aterrizado en un barrio residencial de Estados Unidos, aunque no sé si allí la densidad de tarados es tan alta como aquí. El otro día, al salir de casa, me paró un tipo raaaaaaaaro raaaaaaaaaaro que iba tirando de una carretilla llena de revistas enrolladas, me dijo que era alcohólico y que había estado toda la noche bebiendo, y que si no le compraba una revista para ayudarle a superar el mono… Por cierto, también me he encontrado varias veces con el mismo personaje (creo que se acuerda de mi porque una vez nos chocamos en la calle), un señor de treinta y algo que debe tener algún tipo de trastorno obsesivo compulsivo porque va dando saltitos incluso cuando está parado (lo he podido comprobar en un semáforo), y además el otro día hasta me acompañó hasta la biblioteca del barrio…
Auckland, Auckland… A ver, por dónde empezar… La primera impresión que me llevé fue que Auckland podría ser tranquilamente la ciudad cuna del buenrollismo. La banda anda descalza por la calle (sí, sí, por las calles asfaltadas del centro de la ciudad), y si Merkel se dejara caer por aquí, creo que del ataque se le licuarían los tocinos, ESTO SÍ que es multiculturalidad, y lo demás, TONTERÍAS. Creo que debía referirse a otra cosa cuando dijo lo que dijo. Aquí cada persona es de un color distinto, aunque el grueso se nota que tienen raíces caucásicas (muchos parecen descendientes directos de algún hijo de la Gran Bretaña, blanquitos ellos, aunque también abundan los estadounidenses típicos californianos), por la calle se ven mogollón de asiáticos (chinos y japoneses en su mayoría), indios (y de diversas castas! con sus turbantes y todo), africanos poquitos, latinos también mogollón, algunos árabes, y por supuesto, maoríes y gentes de las islas del Pacífico, que para eso estamos en Nueva Zelanda. De todas formas, me han dicho que sólo pasa esto en Auckland, y que en las demás ciudades del país la distribución étnica es más homogénea. Aquí van unas fotillos de mis paseos por el centro, creo que ya tengo Queen St más vista…
Ya he estado por la universidad para rellenar todos los documentos necesarios, ya tengo la tarjeta para entrar en los lugares, he conocido a mi jefa y parece maja (es canadiense, mis otros dos codirectores trabajan en Wellington, así que se supone que en algún momento tendré que desplazarme hasta allí para hacer medidas o lo que se tercie), tengo mesa asignada con internete que funciona, sé cómo funcionan las impresoras (esto no es algo baladí, resulta que tú le das a imprimir desde tu ordena y luego puedes recuperar los papeles en cualquier impresora de la universidad, basta con pasar tu tarjeta por el lector que hay en las fotocopiadoras por ahí distribuidas), tengo un tema para el proyecto de doctorado (amplio, todo hay que decirlo, pero con el tiempo uno se acostumbra a manejar proyectos desde cero), y a partir de la semana que viene ya estaré un poco más asentado, me vuelvo a mudar, esperemos que esta vez sea por algo más de dos semanas, echaré de menos la casa de los hippies, ahora que me estaba empezando a hacer al estilo de vida comunal… Por cierto, no me gusta que todos los pisos tengan moqueta, aquí con la humedad que hace más bien parecen esponjas que otra cosa… Ahora sólo me queda empezar a hacer amigüitos, tendré que comenzar a frecuentar todo tipo de antros y reuniones clandestinas…
Y weno, por último, una lista de curiosidades y cosas que me han ido llamando la atención a lo largo de toda esta semana:
Los precios. Aquí se utilizan dólares neozelandeses, y los precios vienen especificados hasta los céntimos. Problema: que la moneda más pequeña es de diez céntimos. Solución: el redondeo a la sueca (tal cual). 3,55NZ$ = 3,5NZ$ VS 3,56NZ$ = 3,6NZ$.
Los semáforos para peatones. El muñequito se pone en verde cuando puedes cruzar la calle, pero luego, en lo que para los españoles sería un verde parpadeante al estilo date prisa en acabar de cruzar, aquí el semáforo se vuelve a poner en rojo, efectivamente, parpadeante. Esto hasta que te acostumbras cuesta un rato, yo al principio decía joder, qué poco dura aquí el semáforo, si no he llegao ni a la mitad de la calle y empecé a cruzar cuando estaba en verde…
La mortadela para perros. Creo que no necesita explicación.
Lo del Hermano Mayor (Big Buddy). Yo creía que era un movida que se habían inventado en los Simspon.
Y weno, creo que mi vida por estos lares va a ser muy tranquila. Como muestra, Karangahape Rd (aquí la llaman simplemente K’Rd) un domingo a las 11 de la mañana… se supone que es una de las calles de marcha de Auckland…
Guau, la casa de los hippies parecía acogedora...Espero que todo te vaya bien, y que poco a poco vayas conociendo personas interesantes con las que poder compartir tu vida por esos lares. No dejes de escribir en el blog! Que a mi me encanta leerte.
ResponderSuprimirUn besazo.
Nueva Zelanda parece un lugar muy bonito y acogedor aunque eso sí, llevaría mal tanta humedad... Espero que te vaya genial por esos lares.
ResponderSuprimirBesos.
¡¡qué ya estás alliiiiiiiii!! un besote enooorme!! qué rabia!! me habría gustado verte antes de irte!
ResponderSuprimirla mortadela para perros es lo mejor!! jejeje
No tiene mala pinta la ciudad, con tanta naturaleza y casitas unifamiliares. A ver si haces una entrada sobre la universidad para que sepamos si la gente es igual de caótica que aquí.
ResponderSuprimirUn abrazo.
no doy créeeeedito!!!!! q fuerte lo de los hermanos mayores!!! moy fooorrrrrtttttt!!!!! jajajajaja
ResponderSuprimirUna amiga sueña con vivir en Nueva Zelanda/Auckland. El gran Auckland... Ahora está en New South Gales (Australia). Es muy rara. Ella.
ResponderSuprimirLu.
SUENA ABURRIDO QUE TE CAGAS!!! xD
ResponderSuprimirpero en menos de 5 meses tendré que ir a comprobarlo, me encanta la cuenta atrás.... es como la de san fermines, pero a lo buenrollito dude! Dale duro a la ciudad y crea "ambiente" querido.
missss youuuuuuuuuuuuuu
necorawoman: Acogedora era, sí, aunque había cada pirao viviendo en el lodge que vamos... Me alegro que te guste leerme, intentaré no dejar de escribir, a ver si lo consigo!
ResponderSuprimirChristian: Bonito es (aunque haya que salirse un poco fuera de Auckland para admirar la naturaleza en su mejor estado), y lo de la humedad al final es acostumbrarse...
Superdi: Sip, ya llegué!! A mi también me habría gustado verte antes de irme, pero los últimos días en España fueron un poco moviditos de arriba para abajo (el día antes de irme tuve que ir a Donosti a recoger el acordeón!!). Lo de la mortadela para perros me sigue llamando la atención cada vez que lo veo en el supermercado...
Jaime: Sí, además el centro de Auckland es muy pequeño, en cuanto sales a las afueras es todo naturaleza y casitas de madera unifamiliares (muchas de ellas con problemas de humedades me han contado)
Rosalia: Ya te digo. Estuve por apuntarme...
Bellaluna: Pues dile que se pase por aquí cuando quiera, aunque si tiene a Auckland en alta estima puede que luego se desilusione un poco... Si es rara seguro que me encantará conocerla. A lo mejor me paso por Australia.
sin embargo: ya, por ahora mi vida no tiene mucha emoción ni sustancia, cosa de hacerse con la ciudad. ¿Cinco meses? ¿Cuántos? [introducir ordinariez]. Crearé ambiente sólo para ti, my love, aunque creo que no será más lejos de mi cocina...
Besos y abrazos para todos y gracias por comentar!