Justo ahora que me voy a pirar al culo del mundo, voy y conozco a alguien que ha conseguido que se me vuelvan a despertar hormiguitas en el estómago. Vaya contrariedad… Parece que al destino le gusta jugar conmigo en temas amorosos, en fin… El otro día leí que la ley de Murphy es algo que está científicamente ratificado, aunque también puede que me lo esté inventando para echarle la culpa a algo que no sea yo… De todas formas, estoy en este mundo porque tiene que haber de todo…
Hace tiempo que tengo asumido que nunca podré tener una relación estable más allá de unos pocos meses, aparte de que echar un polvo en unos lavabos no da una estabilidad muy robusta, no (estos acercamientos carnales no suelen sobrevivir ni a la primera noche…); y no lo digo porque me dedique a poner cuernos a diestro y siniestro, que no lo hago, sino porque la vida tan nómada que pretendo llevar hace que le ponga fecha de caducidad a todo lo que hago. Relaciones incluidas, lógico.
Para ser sinceros, la relación más larga que he tenido hasta la fecha ha sido la que más me ha marcado, supongo que la forma en que acabó tiene su gran parte de culpa. Y lo tiene porque ha sido una de las pocas cosas capaz de sacarme literalmente de mis casillas, dinamitando mi mundo desde los cimientos (algo bastante digno de haber conseguido visto mi grado de autocontrol e independencia…). Vaya, es jodido reconocer que una de las escasas cosas en las que crees es mentira, pero weno, hubo que apechugar con lo que había para sacar fuerzas y seguir remando.
Parece una chorrada como un piano, pero después de algo así se me quitaron las ganas de involucrarme sentimentalmente. Creo que el detonante fue el hecho de asumir que alguien que no era yo podía ejercer un control tan alto sobre lo que sentía hasta el punto de modificar mi estado mental y físico. La forma en que cada persona asume una ruptura es un mundo. Largas temporadas de depresión, periodos de puteo intrascendente, adicciones varias, aislamiento VS llamadas de atención autodestructivas… En mi caso, quedé castrado a un par de niveles, como que me cueste muuuuuucho confiar en alguien que se mete en mi cama (lo que ha hecho que me vuelva algo celoso, cosa que nunca antes me había pasado) o que siempre me decante por las relaciones abiertas de compromiso no firme, que uno nunca sabe cómo puede acabar una noche…
Por cierto, y mirando atrás, me alegro de que aquello se terminara. Mi vida se tornó de tranquilidad en caos, pero el año que pasé en Japón, balsámico y catártico, no lo cambio por nada. Además, el poder volver a ser dueño de mi tiempo es algo a lo que no sé si voy a poder renunciar tan fácilmente a partir de ahora…
Siguiendo con toda esta fritura teleológica, he oído decir a no pocas personas que el primer amor verdadero es el que más marca, tanto que mucha gente no es capaz de volver a vivir algo semejante. Pues vale. Marcar marca, para qué negarlo, lo de vivir en una nube por primera vez es algo impagable. Todo es bonito y perfecto, los pájaros pían alegremente bajo la ducha, la tarta de queso tiene la fracción idónea de queso para que esté dulce, y la pecera está lo suficientemente iluminada para que los peces encuentren el camino entre las rocas decorativas.
Hasta que un día todo se acaba. Y te notas distinto, porque sabes que has cambiado tras caerte de la nube y espachurrarte contra el suelo (siempre sucede, aunque lo veas venir de lejos e intentes poner infinidad de colchones para amortiguar la caída). Y te dices que nunca más volverás a enamorarte como aquella primera vez. VAYA CHORRADA. Efectivamente, no será como aquello que recuerdas, pero por el simple hecho de que no eres la misma persona que entonces. Además, es un error estúpido y una pérdida de tiempo intentar revivir algo pasado, el pasado está para aprender de él e integrarlo, y ya. Al menos en mi caso, soy consciente de que mi forma de vivir una relación ha cambiado, me fijo en otros detalles [una simple mirada], doy más importancia a otras cosas [un simple beso], disfruto más de otros momentos [un simple paseo]. Y cada vez soy más consciente de que compartir tu vida con alguien es como hacer un puzzle, cada cual trae sus piezas y luego hay que encajarlas entre ambos. Y eso es lo interesante. Obviamente, para sólo follar no hace falta puzzle, basta con llevar los condones a mano.
Lo bueno y lo malo de ser yo es que espero bastante poco de la vida. No es que no tenga grandes expectativas, que las tengo, sino que no tengo una idea preconcebida de muchas cosas (hay gente que sabe la edad exacta a la que quiere casarse y con quién…), lo que hace que cualquier cosa que me pasa pueda terminar convirtiéndose en una sorpresa. Sí, es un poco triste no ilusionarse a priori por nada, pero la ventaja es que luego el concepto de desilusión tampoco existe… Lo cual también es triste, pero weno… Digamos que me voy ilusionando poco a poco, como cuando se planta una calabaza, lo primero que pienso es que no conseguirá echar raíces, pero a medida que veo cómo crece, mi ilusión va creciendo al mismo ritmo…
Y mierda!!! Mierda. Mierda, mierda, mierdamierdamierdamierdamierda. Ahora voy y conozco a alguien que hace que me ponga nervioso esperando un SMS, que se me dispare el ritmo de los latidos, que ha vuelto a despertar en mí sentimientos que ya creía olvidados. Porque hacía tiempo que no perdía completamente los papeles, y porque sabías que me iba a ir a Nueva Zelanda desde el principio, y porque aún así se nos acabó yendo de las manos sin que hiciéramos nada por evitarlo. Porque sin haberme ido ya echo de menos tus besos, tus ojillos verdes. Mierda. Es que esto no estaba planeado!!
Weno, a ver, coño, que tome aire. Sí, sí. Se suponía que aquel café en Alonso Martínez era sólo eso, un café. Pero todo se lió. Y me empecé a pillar. Y sin saber exactamente cómo ni por qué terminamos hablando por teléfono todos los días, muchas conversaciones de las estúpidas, sin sentido racional, de ésas en las que lo único que te apetece es seguir escuchando la voz de al otro lado del hilo. Y de repente te tenía presente en todos mis viajes, físicamente, por SMS, por teléfono, por Skype, en España, fuera. Daba igual. Y casi al mismo tiempo ibas conociendo a mis amigos de toda la vida, algo que ni siquiera me había planteado el día que nos conocimos. Y parecía que lo del visado era algo que quedaba bastante lejos, pero me lo concedieron, y que el día de la partida quedaba incluso más lejos, pero aún tengo en la cabeza la imagen de cómo cierras la puerta, yo con el acordeón a la espalda… Me vuelvo a girar por última vez, cruzo los dedos para que no sigas allí, no quiero irme pero debo irme, no quiero verte pero me muero por verte otra última vez…
…me va a doler más de lo normal abandonar España… No me reconozco, y la culpa es tuya (¡¡bendita culpa!!)… Mierda!! Y mierda!!
…
En fin… Como ya tengo asumido que a corto y medio plazo seguiré estando por encima de la temperatura crítica, no me queda más remedio que intentar tender asintóticamente a ella. Y acostumbrarme poco a poco al dolor del lo nuestro se tiene que acabar. Que la vida es más intensa cuando se vive más cerca de la temperatura de transición, y eso hace que todo lo que pase en su entorno merezca más la pena que vivir lejos de ella, en ese lugar en el que uno se niega a sentir por miedo a perder algo que nunca ha vivido.
Porque aunque ahora me toque vivir un segundo invierno (es lo que tiene cambiar de hemisferio por estas fechas), tú has conseguido que este invierno sea inolvidablemente cálido. Gracias por estos dos meses.
Me alegro un montón de eso que has vivido porque es algo muy bonito. Y quien sabe, lo mismo cuando vuelvas a España y si lo dos seguís solteros podeis volver.
ResponderSuprimirBesos.
... yo soy de esas que piensa que "el primer amor es el de verdad y los demás son sólo para olvidar" pero eso no quiere decir que no siga "esperando con la carita empapada que llegaras con rosas..." mi conclusión es que son amores distintos, con físicamente personas iguales, pero mentalmente distintas por haber vivido un amor.
ResponderSuprimirSin embargo, sigue temblándome el pulso alguna vez por un mensaje y lo hemos vivido juntos, jejeje.
Te voy a echar tanto de menos.
courage mon cher!
Vaya pedazo de entrada. No puedo decirte más que ánimo, ánimo y ánimo! Despedirse de alguien a quien quieres de esa forma siempre es duro. Recuerdo una época en mi vida en la que odiaba Barajas y los domingos por la tarde. Quizás por ello odie los aeropuertos, porque para mí han significado "adiós".
ResponderSuprimirCuidate mucho, que te quedan muchas aventuras por vivir. Un beso grande grande.
Lucía.
Christian: Sigue siendo algo muy bonito, pero parece que todo está se pone en contra...Vaya influjo de optimismo, chico! Gracias!
ResponderSuprimirsin embargo: si creyera que los demás son sólo para olvidar, no me habría implicado tanto esta vez...Y te seguirá temblando el pulso, y llegará el momento en el que sólo te dejes llevar como si descubrieras de repente lo que es el amor, aunque ya lo supieras de antes. Courage!
Lucía: Ya, yo hasta el otro día los aeropuertos eran un simple "hasta luego". Y el otro día me pareció más un "adiós" que otra cosa. Y sentí un vacío que nunca antes había sentido...Me cuidaré, no te preocupes, que bicho malo nunca muere :)
Besos para todos y gracias por comentar!
Algunos no te echaremos de menos, porque llevamos haciéndolo desde antes de que te fueras.
ResponderSuprimirLa vida, en determinados momentos, es una gran mierda. Pero siempre sale el sol... aunque tengan que pasar tres años para ello :)
Anónimo: Sip, a veces la vida es una gran mierda...Pero como dicen en Galicia, "nunca choveu que non escampara"...
ResponderSuprimirUn beso grande y gracias por comentar! :)
¡¡pero qué entrada más bonitaaaaaaaa!! super tierna!! ¡¡pa echarse a llorar de la emoción!! ¡¡me ha alegrado mucho!!
ResponderSuprimirAunque la vida es así; ¡¡un cúmulo de casualidades!!
superdi: Gracias! Es que estaba yo mu tierno jeje. Y tienes toda la reazón, parece que esta vida es un cúmulo de casualidades...
ResponderSuprimirUn beso grande y gracias por comentar!