El niño marroquí parece haberse caído de un palmeral bien alto. Lo conocimos en la gasolinera que está al lado del restaurante de kebabs, un día que mi hermana y yo volvíamos de clase. Sacó la cabeza por la ventanilla del coche y nos regaló un hola señoooorrr!! cómo estáaaa? españoleesss??? encantado, gusta mucho España! Me acuerdo que le contestamos alguna cosa sin importancia, de esas alegres tonterías que sueltas con una sonrisa de oreja a oreja cuando te dicen algo por la calle. Nos despedimos, y seguimos nuestra marcha.
Tiempo después, quedé con uno de los pocos voluntarios marroquíes con los que congeniaba en que me tenía que llevar al hammam, lo que vienen siendo los baños públicos árabes. Útiles básicos a llevar: pastilla de jabón, kissa (una manopla hecha de un tejido áspero y rugoso), una especie de cuenquito con un asa (seguro que esta cosa tiene un nombre, es parecido a una cacerola pero en miniatura…), una toalla y un bañador. Útiles opcionales: cubo. La entrada son diez dirham, lo que viene siendo poco menos de un euro, y los baños están separados por género. Yo, aconsejado por mi hermano de acogida, también me llevé un cubo (amos, agarré uno de los que había en el servicio, con el que me duchaba todas las mañanas para ser más preciso), aunque sinceramente bien lo podría haber dejado en casa.
Por lo que me había contado mi acompañante, yo ya iba con mentalidad de onsen, léase, a despelotarse y a irse sumergiendo en tinajas de agua hirviendo. Sip, me había dicho que me llevara un slip, pero para mí si el slip no va con de bain, yo entiendo que me están diciendo que me lleve unos calzoncillos. Así que me llevé un par, blancos, por si acaso. Y efectivamente, luego allí dentro iban casi todos en bañador, y eso que mi hermana me había comentado que en la zona de las mujeres iban todas en bolas, será que ellos son más pudorosos y se violentan más fácilmente que ellas… Creo que yo era el único al que se le transparentaba todo…
Los baños eran unos baños de barrio, con lo que la única cara no marroquí que pululaba por allí dentro era la mía. Según se entra, hay unos vestuarios en los que quitarse la ropa y quedarse en bañador (excepto yo…), se dejan las bolsas en la consigna (propinilla incluida para el que está al otro lado del mostrador), y tras coger todas las cosas necesarias para el hammam, se empuja el pesado portón de entrada. De bienvenida, un bofetón de vapor, y los aseos.
El hammam tenía tres compartimentos, tres salas diáfanas y rectangulares azulejadas, dispuestas paralelamente, separadas entre ellas por gruesas paredes y conectadas en perpendicular por un pasillo central sin puertas. La diferencia entre las tres es la potencia del vapor en el interior, y para que te fueras acostumbrando al grado de humedad y calor, las tenían dispuestas en orden creciente desde la entrada, a saber, que para llegar a la que te escaldabas tenías que haber pasado anteriormente por las otras dos, donde sólo te achicharrabas o te recocías. Mi amigo decidió que como yo era principiante nos quedaríamos en la del medio.
El procedimiento es muy simple. Te adueñas de una retahíla de cubos que vas llenando de agua (temperatura al gusto, hay un par de grifos en la pared que te permiten ir mezclando agua fría y caliente), te sientas en el suelo y dispones los cubos para que te queden al alcance de la mano. Tras el momento inicial en el que sólo te dedicas a aclimatarte al cambio de humedad (amos, que te quedas to pasmao secándote el sudor de la cara cada cuarenta y tres segundos y echándote agua con el cazuelito), ya por fin puedes entrar en harina.
La idea es que el cuenco esté siempre lleno de agua, de modo que se pueda empapar la kissa, enjabonarla, arrefrotarte, y volver a repetir el proceso cuando te hayas quedado sin jabón. Cuando el agua del cuenquito esté sucia, se tira al suelo y se vuelve a llenar con agua de cualquiera de los cubos, ya que se supone que los cubos sólo se utilizan para aclararse y no tienen que contaminarse con jabón. Y así hasta que adquieras un color rojo uniforme en todo el cuerpo (se frotan con un ahínco que no es normal, y la kissa pica que te cagas, de hecho es uno de los mejores inventos para rascarse que he probado…). El nivel avanzado consiste en pagar a alguno de los que trabajan en el hammam para que te dé unas friegas, te tumbas en el suelo y te dejas frotar a conciencia. A conciencia. Lo dicho, sólo para niveles avanzados (a mi me dio miedo sólo de ver del color que se quedaban…).
Yo ya había entrado en modo final de onsen, me había adueñado de un cubo de agua helada e iba alternando los aclarados de agua caliente y fría. Del calor que hacía, seguramente tendría la cara roja como un tomate, y la imagen que debía dar era de alguien abandonado a su suerte, espatarrado en el suelo, y esforzándose por seguir vivo entre tanto vapor. En esto que veo que uno se me queda parado justo enfrente, de pie, hola, ¿te acuerdas de mi? directamente en castellano, sonrisa angelical, cara divertida, eeeehhhh, ¿no te estarás confundiendo? no me suenas de nada… por más que intentaba rebuscar en mi memoria no lo asociaba con nadie, sí, sí, el otro día, en la gasolinera, ibas paseando por la calle con tu novia y hablando en español, a estas alturas ya se había puesto en cuclillas a mi vera, menos mal, que si no creo que se me hubiera dislocado el cuello de mirar hacia arriba, me parece raro que fuera con mi novia, suponía que me habría visto con mi hermana, sí, sí, luego te enseño el coche que lo tengo fuera aparcado, a ver si te acuerdas.
Por un momento tuve la impresión de que quería ligar conmigo, más que nada porque la conversación no acababa de tener ni pies ni cabeza, y además el que estuviese sucediendo en un baño público no hacía más que añadirle cierto grado de turbidez al asunto… Pero si algo me ha enseñado el año que he estado viviendo en Japón ha sido que situaciones que a los europeos nos parecen previsibles, personas de otras culturas les dan un significado totalmente distintas. Además, luego se puso a hablar con mi amigo en árabe, así que supuse que eran colegas. Qué va!! Sólo le estaba contando lo que me había contado a mi en castellano…
Ya de nuevo a la salida me volví a encontrar con él, ven, ven, que te voy a enseñar mi coche, era el mismo Hyundai Lata que tenemos en casa pero de otro color, así que creo que me habría acordado, pues te juro que no me suena de nada, yo cada vez más convencido de que me había confundido con otra persona, ¿os llevo de vuelta a casa?, nos miramos mi amigo y yo, pues vale, no te vamos a decir que no. Al rato nos dejaba a la vera del minarete, y tras apuntarme su teléfono en una tarjeta del taller mecánico en el que trabajaba y proponerme quedar por la noche para tomar algo, mi amigo y yo enfilamos por las escalerillas de las calles de Youssoufia.
A mi lo de que me saquen de marcha me parece una gran idea, y más si son oriundos de lugares que no conozco, así que nos vimos ya por la noche para ir a tomar algo. Y yo pasé de estar vagando por el barrio a disponer de un coche con el que moverme por todo Rabat muajajaja… Primero estuvimos en uno de los lugares de marcha cerca de Youssoufia, donde los jóvenes y no tan jóvenes matan el tiempo a base de jugar al póker, al billar, y al futbolín, mientras se fuman de todo lo fumable, que en Marruecos abunda. Por allí cerca también se dejan caer las putillas, hasta mi nuevo amigo me propuso que catáramos un par más tarde, por aquí viene cada guarrilla, luego me doy una vuelta a ver si veo a la del otro día, ¿te apuntas?, obviamente, y aunque luego no sucedió nada, tuve que declinar la invitación. Terminamos la noche en el centro de Rabat, en un sótano gigante en el que había al menos doce mesas de billar, sillones variopintos para sentarse, pero sólo cuatro personas, incluidos nosotros. Echamos un par de partidas al billar y me dio la paliza de mi vida, soy muuuuuuyyyyy malo jugando al billar, pero amos, yo le di una somanta jugando al futbolín en el primer garito, si hubiéramos seguido las normas españolas tendría que haber pasado varias veces por debajo…
Ya finalmente me llevó a casa, dejándome en la calle ancha. No se molestó ni en cambiar de sentido para volver a enfilar calle arriba. Directamente quemó la marcha atrás y salió tal y como había entrado, como cuando se rebobina una peli. Claro, la siguiente vez que quedé con él le pregunté que si tenía prisa la noche anterior, y me dijo que no es que mi barrio fuera un barrio chungo. Es que era chunguísimo. La verdad, por la noche sí que parecía que florecían tarados cada dos esquinas, en plan gente que habla sola o individuos con cara sospechosa, pero claro, supongo que al estar acostumbrado a moverme en ese ambiente, nunca me había parecido que el barrio fuese un peligro. A lo mejor no había vivido el suficiente tiempo allí como darme cuenta… Por cierto, la noche era el momento elegido por la gente para tirar la basura, y la calle ancha se llenaba de bolsas mal cerradas depositadas sobre la acera…
Oye, que ayer me encontré a un tipo un tanto raro en el hammam, dice que nos vio a ti y a mi en la gasolinera y nos saludó, yo no me acuerdo de nada, el caso es que me cayó bien y me acabé yendo de farra con él ; ah, es verdad, qué majo parecía desde la ventanilla del coche ; ¿en serio sabes de quién estoy hablando? ; sí, ¿no te acuerdas?, íbamos rajando de camino a casa y al pasar por la gasolinera un chiquillo marroquí nos empezó a hablar en español desde el coche, casi saca el cuerpo entero por la ventanilla… ; ¿pero qué gasolinera? ¡no sé di de qué gasolinera me habláis! ; joer macho, ¡pues la única que hay de camino! ; por cierto, he vuelto a quedar con él esta tarde, me ha dicho que quería ir a no sé dónde, ¿te apuntas? ; enga va, cuando te pires me pasas a buscar. Un par de días después, mientras volvía de clase, al pasar por la gasolinera, mi memoria fue capaz de recordar la famosa escena.
Nos hicimos amigos del niño marroquí enseguida, que se acabó convirtiendo en una especie de guía particular de Rabat. Lo de niño es porque sólo tenía veinte añitos, o diecinueve, o veintiuno. Creo que le oí decir las tres edades en tres conversaciones distintas. Y además, después de quedar con él un par de veces nos dimos cuenta de que la brecha mental era insalvable… Pero lo que me encantó de conocerle fue que gracias a él pude descubrir mucho acerca de cómo piensan los marroquíes de pura cepa.
El niño marroquí era de buena familia, también vivía en Youssoufia, pero en la zona de los chaletes de muchos metros cuadrados, señora de la limpieza (no tenían guarda de seguridad, pero otras chabolas de la zona sí…), número sin precisar de habitaciones, padre, madre, y varios hermanos (él era el benjamín de la familia), garaje y coche. También tenían un váter. Y una ducha, una habitación del tamaño del salón de mi casa de acogida, y miembros influyentes de su familia que vivían en la medina de Rabat (al igual que en algunos pisos de Madrid, el aspecto exterior del sitio no tiene nada que ver con los pisazos de lujo que luego hay dentro). Y como buen musulmán, siempre daba dinero a los pobres que se lo pedían. Obviamente, porque lo tenía (solía llevar encima al menos cuatro veces lo que yo llevaba en el bolso…), y además la mayoría de las veces nos invitaba a casi todo, era inútil insistir para pagar algo nosotros…
Solíamos quedar con él en cualquiera de las cafeterías del barrio. Como siempre llegaba tarde, nos sentábamos mi hermana y yo en cualquiera de las mesas de la terraza, delante de un café al que siempre le sobraban la mitad de los azucarillos, y charlábamos hasta que aparecía por allí con el coche, aparcando casi encima de las mesas. Yo creo que llegaba tarde porque tenía una necesidad inexplicable de fardar de coche, ya que cuando íbamos con él daba un montón de vueltas totalmente inútiles, parándose cada equis metros a saludar a alguien del barrio, bajaba la ventanilla, hola, ¿qué tal?, ¿todo bien? dale saludos a tu familia.
Lo de las cafeterías en Marruecos es algo con identidad propia. Está permitido fumar en el interior, no se sirve alcohol de ningún tipo (¡¡¡de ningún tipo!!!¡¡¡la mayoría de los marroquíes no bebe!!!), y la que más la que menos suele tener una terracita, con un toldo gigante que es capaz de dar cobijo a todo el mobiliario situado al exterior del edificio [impresionante]. En la terraza, las sillas se sitúan de cara a la calle, de modo que si te sientas con alguien en la mesa es como si te sentaras a su lado en vez de enfrente, y entonces para poder hablar y mirar a la otra persona a la cara tienes que girar un poco el cuerpo. En esta postura me sentía como las abuelas de los pueblos (¡¡¡míticas!!!), ésas que son capaces de sentarse en una silla de tela al lado de la puerta y permanecer allí todo el día, fichando y registrando cualquier movimiento sospechoso (a quién no le suenan los he visto a tu hija de la mano de fulanito, y los oye, ¿y tú de quién eres?).
A las cafeterías en Marruecos sólo van hombres. Es su lugar de reunión habitual. Se sientan en la terraza (…yo he llegado a ver al mismo señor honorable en la misma posición tras cuatro horas…) y la mayoría dan la impresión de estar allí puestos de adorno, sin nada específico que hacer durante todo el día. Y es que muchos de ellos, la mayoría jóvenes, están en paro y no tienen nada que hacer. Pero lo peor, es que no buscan cosas que hacer porque no les apetece trabajar. Yo conocí a un par que se dedicaban a vaguear todo el día (…trabajar doce horas un día a la semana es demasiado…), yendo de acá para allá, dejándose ver en las terrazas, quedándose de cháchara en la calle con otros amigotes, llegando por la noche a casa y sentándose como señores para que las mujeres, que habían estado trabajando durante todo el día, les pusieran la cena en el plato. Un poco deprimente, sí. Lógicamente, y sin confianza de por medio, esta percepción mía yo no la compartía con los voluntarios marroquíes, hasta que un día, no me acuerdo a cuento de qué tema, me suelta uno de ellos yo no quiero acabar como la mayoría de los del barrio, son todos unos vagos que no sirven para nada, como muchos marroquíes, por eso yo me dedico a estudiar, para poder tener un buen trabajo en el futuro. Ahí es ná.
Otra de las formas de salir de este círculo vicioso es irse a Europa, total, en Marruecos no hay nada [palabras textuales]. Y lo que no deja de sorprenderme es la inocencia con la que algunos afirman esto, como si la vida en España fuera algo fácil, en plan llegar, encontrar trabajo y ganar dinero. O en su defecto conocer alguna europea con la que casarse para conseguir los papeles [palabras textuales]. Aunque también los hay más realistas, los de quiero terminar de estudiar y luego completar mi formación en Europa, que sé que eso me abrirá muchas puertas aquí en Marruecos. Y por supuesto, los hay de los que se quieren quedar en Marruecos, yo quiero terminar de estudiar y luego casarme con una marroquí a la que querré por encima de todo, que las europeas sólo dan problemas, prefiero llegar a casa y que me estén esperando con la comida preparada. En fin, para gustos, colores. Pero admito que me entristeció bastante comprobar las pocas perspectivas que tienen los jóvenes marroquíes en su tierra natal.
Está bastante mal visto que una mujer sola se deje caer por una cafetería, y si alguna lo hace, es una ssssssuciaaaaaaa [palabras textuales, por no rememorar algo más fuerte], al igual que si sale de casa sola después de las ocho de la tarde. Las mujeres respetables se reúnen con sus amigas en sus respectivas casas para tomar el té, pero nunca en una cafetería. Tuve la oportunidad de que se celebrara una en mi casa de acogida (concretamente en la habitación en la que yo dormía), a la que se me negó el acceso por ser varón, me quedé en el salón con el papá y otro invitado, la reunión parecía bastante animada, no dejaban de escucharse risas… Por cierto, a todo esto, descubrí que las mujeres musulmanas tienen un pelo tremendamente largo cuando se quitan el velo, yo no debería haber presenciado estas escenas por el hecho de ser hombre no-marido y no-hermano, pero cuando sucedió yo no estaba estrictamente delante, es lo que tiene una casa tan pequeña con los espejos estratégicamente colocados para permitirme ver lo que pasaba fuera de mi habitación sin tener que salir de ella…
Obviamente a mi hermana lo de las cafeterías le resbalaba, así que siempre que nos sentábamos en alguna muchos de los varones nos miraban disimuladamente, no sé si con cara de diversión, curiosidad o de mira qué indecentes estos guiris. Todavía se cortaban un poco si veían que estábamos juntos, porque cuando se sentaba ella sola le echaban cada mirada que vamos…
Uno de los deportes nacionales en Marruecos es ver la tele [¡¡!!]. Con tanta parabólica en los tejados, pues claro, se pillan tropecientos canales. Es sorprendente cómo pueden manejar una cantidad tan ingente de información haciendo gala de una pasmosa tranquilidad, yo con la TDT me estreso en menos de medio minuto, pero weno, entre que sólo veo la tele mientras desayuno/como/ceno, pues los treinta canales ya han pasado por mi criba personal, y se han quedado básicamente en cuatro: los dibujos [se incluyen varios canales], las series, y el canal 24h. A lo que iba, que el hecho de tener parabólica les permite ver los partidos de todas las ligas, incluidas las europeas. Y claro, los días de encuentros importantes, las cafeterías se llenan de forofos del fútbol. Como las sillas se suelen disponer para que queden enfrente del televisor, no habría de notarse nada distinto de un día cualquiera cafeteril, salvo quizá por la afluencia masiva de gente y porque todos están mirando concentrados al mismo punto en vez de a los viandantes que se pasean por la calle. Nada de vítores ni fiesta ni gritos ni peleas ni jaleo. Sólo un goooooooool cuando el equipo marca o un sssssssssssssssss [dientes apretados, inspirar aire] de los que indican lo poco que ha faltado para que taladren una portería. La explicación es sencilla: no venden alcohol. La gente no se taja, no le da por hacer el ganso. Toman cafés y tés mientras ven el fútbol. Y como mucho charlan. Recuerdo la cara que se me quedó, fue al primer o segundo día de llegar a Marruecos, íbamos a una cafetería, yo ya iba en modo partido birras para todos, y según llego se me quedó una cara de póker, no si en las cafeterías no venden alcohol, además en Marruecos no está bien visto…
Si no me acuerdo mal, el día en que sucedió la siguiente anécdota habíamos quedado con el niño marroquí para ir a dar un voltio nocturno por el puerto de Rabat. O puede que fuera otra de nuestras excursiones a algún lugar plagado de billares y humo, yo qué sé! Volvíamos en coche a Youssoufia y el niño marroquí se saltó un semáforo en rojo, con una alevosía de campeonato. Claro, y lo hizo delante de las narices de dos policías de Rabat que iban en moto. Y cómo no, sin llevar el cinturón abrochado. Total de la multa para esta infracción: mil dirham (unos cien euros) y retirada del carné. A esto que nos dan el alto al coche, le piden los papeles, empiezan a hablar en árabe, uno de los policías nos mira y se dirige de nuevo al niño marroquí como preguntando ¿y éstos quiénes son?, saca una libretita y empieza a anotar cosas. En esto que de repente la conversación empieza a subir de tono, el niño marroquí se baja del coche con cierta vehemencia, como yo no entendía nada me dio por pensar otras, lo que me faltaba ahora, tener problemas con la policía en un país extranjero, en esto que los policías se suben a las motos y se empiezan a pirar, pero el niño marroquí empieza a seguirlos por la calle, sin parar de hablarles, mientras agitaba unos papeles que llevaba en la mano. Al final se acabaron parando unos metros más allá (a esto, mi hermana y yo también nos habíamos bajado del coche).
Los policías hicieron el amago darle esquinazo un par de veces más, uno de ellos ya había emprendido la calle arriba, mientras que el otro seguía asediado por el niño marroquí. En esto que vemos cómo vuelve hacia el coche, coge algo parecido a una cartera, y regresa al rato, entrad, entrad, que no ha sido nada. Claro, a todo esto mi hermana y yo nos miramos en plan ¿qué ha pasado aquí?, así que le preguntamos, y la explicación fue bastante sencilla, le he dicho que mi tío es alguien importante del que puede depender su trabajo, me ha dicho que le diese 200 dirham, y que hacíamos como si no hubiera pasado nada. Fantástico.
Como he dicho antes, la familia del niño marroquí tenía dineros. Su hermana se iba a casar en breve, y la madre estaba dispuesta a gastarse el equivalente a doscientos mil euros en la boda. Cuando oyes esta cifra se te queda la boca de un tamaño tal que podrían entrar cuatro tuneladoras dispuestas en paralelo. Al menos a mí se me quedó de un tamaño similar. La idea era alquilar un complejo entero durante tres días, puede que una semana, ya no me acuerdo. De todas formas, para el que no lo sepa, una boda tradicional marroquí se divide en tres etapas. Primer paso, la pedida de mano, el prometerse, el marido ha de dirigirse a los varones relevantes de la familia de su futura esposa, que pueden rechazar su oferta. Segundo paso, un par de meses después, la firma de los documentos de boda, ambos firman el compromiso, y por lo general suele haber una fiestecilla posterior en la casa de ella. Tercer paso, la fiesta a lo grande, a lo mejor un mes después de la firma de documentos. Por lo general suele durar más o menos dependiendo del dinero que se quieran gastar los novios, pongamos que mínimo un par de días, aunque también los hay de los que tiran la casa por la ventana organizando fiestas de semanas enteras.
Tuvimos la suerte de asistir a una boda marroquí en el barrio, concretamente se celebraba en la casa de acogida de mi hermana, ya que la sobrina, que vivía allí, se acababa de casar con un perdido de la vida. Su hermano, uno de los voluntarios de la asociación, había rechazado al pretendiente en un par de ocasiones por vago, no tener trabajo, y dedicarse a no hacer nada. Si os dijera a lo que se dedicaba él… En fin, lo que pasaba en esa casa es lo que parece improbable que pase en ninguna casa de Marruecos: mandaban las mujeres y además por abrumadora mayoría, pues sólo había dos varones adultos en casa, el voluntario y el abuelo, un señor mayor mu salao, renegrío y arrugao como una pasa, tuerto, barba blanquísima, y que decía booooo booooo entre cada frase que soltaba. Ella, la jefa, que había acogido en su casa a sus dos sobrinos, y además de ejercer de ama de casa, era la que mantenía a todo el mundo con su trabajo (la sobrina era la única que contribuía económicamente, pero pronto abandonaría la casa para irse a vivir con su estrenado marido). Se había divorciado un par de veces, no le habían convencido sus dos maridos anteriores, así que hala, a la puta calle, con un par de ovarios bien puestos (¡¡¡¡que esto sigue siendo Marruecos!!!!). De estas dos relaciones había tenido dos hijas, que completaban el cupo de féminas del lugar. Y si contamos que mi hermana también vivía allí, pues ya está todo explicado. El único varón que contaba con la aprobación y el amor de todas las hembras era un bebé de dos años, que la jefa había adoptado porque la madre se iba a deshacer de él.
Lo dicho, aquella tarde la sobrina acababa de firmar los papeles de la boda, así que había fiesta por la noche en la casa de acogida de mi hermana (of course, yo era el único invitado externo juis juis). La velada estuvo bastante divertida, vinieron a tocar unos músicos tradicionales, por cierto, deben ser los únicos que hay en el barrio porque no es la primera vez que los veía amenizando fiestas… De cenar, pollo [¿paloma?] con una pasta muy fina y salsa de higos y ciruelas. Muy bueno. Y bailes y alegría, sobre todo alegría, todas la mujeres se ponían a entonar a coro una especie de refrán en árabe que se terminaba con gorgoritos a lo indio (yo creo que debía decir algo así como te has casao, la has cagao), mirando todas a la recién casada, que estaba sentada en el sofá marroquí y apenas podía moverse porque le estaban haciendo la henna en manos y pies.
Un experimento interesante fue juntar al niño marroquí con las hermanas de acogida de mi hermana. De clases sociales radicalmente diferentes, pero que vivían en el mismo barrio. Y efectivamente, no se gustaron nada, todo hay que decirlo… Quedamos un día para salir de noche y fuimos al sitio de marcha de Youssoufia, y creo que en toda la noche cruzaron cuatro palabras. Cuando le preguntamos al niño marroquí, la respuesta fue clara y rotunda, es que son negras, no son de fiar. Además, las marroquíes sólo me quieren por mi dinero [nota: creo que a estas alturas todavía no ha asumido que mi hermana le invitara un día a un café], y los pocos que se me acercan por aquí intentando ser mis amigos también lo hacen por el dinero, tengo ganas de irme a Europa para perder ya de vista a toda esta gentuza. Lo gracioso de este tipo de perlas que soltaba es que lo hacía sin ningún tipo de maldad (sé que es algo difícil de creer, pero es así!). Por cierto, los negros marroquíes no son subsaharianos, sino gente del sur de Marruecos (en este caso la madre era oriunda de Ouarzazate), de piel casi igual de oscura pero con una tipología corporal tirando a mediterránea.
Lo que más me chocó a nivel social en Marruecos es que la clase media es algo casi inexistente, hay mogollón de gente muy humilde, unos pocos que tienen lo que algunos nunca tendremos en toda nuestra vida, y en el medio, pues eso, nada. O casi nada. Te puedes encontrar en el mismo barrio gente cuya casa tiene seis comedores (¡¡¡¡¡¡¡¡¡seis!!!!!!!!!!) y un hammam, mezclada con gente que duerme en pajares sobre colchones renegridos del uso, en los que apenas cabe uno si no se dobla. Y como quien dice, puerta con puerta.
Después de haber vivido esta situación de primera mano, a uno no le sorprende el petardazo que han pegado Túnez, Egipto, y los demás países árabes que fueron detrás. Lo que me parece más raro es que esto suceda en Marruecos, y mira que es más de lo mismo… El rey Mohammed VI tiene mucho poder y es muy querido por la gente, en palabras de varios de los voluntarios, el rey es muy bueno con el pueblo, pero está rodeado de gentuza que no le deja actuar como él querría.
Venga lo que venga, lo único que deseo es que sea para brindar a la juventud marroquí unas mejores perspectivas de futuro en su propia tierra. Que tener que dejar lo que sientes como tuyo siempre duele.
Eso es muy típico en los pueblos de Galicia: "E logho ti de quen ves sendo?".
ResponderSuprimir;-)
Joder, ya veo que cuando dicen que Marruecos es un mundo aparte es que lo es de verdad. Me he quedado flipando...
ResponderSuprimirjajajaja, nunca podría haberlo descrito mejor!!!
ResponderSuprimirq grande!!!
necorawoman: ya, y de todos los pueblos de España diría yo, a mi me da un mal rollo ser tan público...
ResponderSuprimirChristian: sip, es un mundo un poco aparte, no sé si ya se te han quitado del todo las ganas de ir, pero yo te lo seguiría recomendando!
Rosalia: buah, y lo que me he callao por no dar muchos detalles escabrosos juis juis, pero weno, qué te voy a contar que no viviéramos ya por allí :)
Un abrazo a todos y gracias por comentar!!
¡¡es increíble lo que se aprende contigo!!
ResponderSuprimirsuperdi: jeje, y eso que sólo son historietas de viajes :)
ResponderSuprimirUn besote y gracias por comentar!