Actualizando, que es gerundio… A golpe de popurrí, con calzador…
Canallada.
Cosa primera: discusiones de pareja. Como ya conté hace poco, estoy compartiendo piso con cuatro personas. Bueno, de hecho, me enteré que uno de los inquilinos, al que sólo he visto una vez desde que estoy aquí, acaba de pirarse hace poco, con lo que ahora sólo somos cuatro en el piso. El caso es que el otro día, a eso de las doce de la noche, yo a punto de irme a dormir, oigo cómo la pareja de neozelandeses se pone a discutir. Las voces se van levantando pero sin llegar a gritar, se oye cómo se abre la puerta de la habitación y después la del piso, personas que entran y salen, objetos volando, forcejeos, golpes secos, muebles que se caen… A estas alturas, yo ya estaba pensando que él la estaba zurrando a ella, y visto que el chaval es un bigardo y ella es mu poquita cosa, pues ya me temía lo peor. Así que salí de la habitación a ver qué pasaba, pensando que así además se cortarían un poco. Para mi sorpresa, comprobé que se había formado una montaña de trastos justo delante de la puerta de su habitación, había una maleta a medio hacer, unos altavoces, una guitarra (momentos antes había oído el clong! que hace una guitarra cuando se le da un golpe), unas diez perchas, ropa desperdigada, y desde el pasillo se podía ver cómo había una mesa patas arriba dentro del cuarto…
El caso, como no veía nada grave que me indicara que tenía que intervenir, pues me dije, bueno, estarían discutiendo y se les habrá ido el tema de las manos… Me volví a meter en la habitación y dejé la puerta abierta con la luz encendida, para que supieran que estaba despierto. Al rato, el chaval, que se había bajado al coche, volvió a entrar en casa y tras sortear el montículo de cosas, intentó entrar en la habitación, pero desde dentro ella le propinó un portazo en todas las narices, con lo que el chico, visiblemente cabreado, forcejeó hasta que consiguió entrar. Una vez dentro, sonido de otro mueble que va al suelo, y pasados dos minutos, oigo al chico hablando por el móvil. Había llamado a la policía. Aunque la novia llevaba viviendo ya en el piso un tiempo, el chaval se acababa de mudar justo la semana antes de que yo llegara, así que cuando la policía le preguntó que dónde vivían, ella se negó a decírselo, y tuvo que llamar a la puerta del zimbabwés, que vive en la habitación de al lado, para preguntárselo. Después se volvió a bajar al coche.
Pasado un rato largo, llaman al telefonillo. La primera vez nadie abrió, así que la segunda vez me levanté yo a abrir. Efectivamente, eran un par de policías. Como todas las puertas del edificio se van abriendo con tarjetas magnéticas, tuve que bajar a recibirlos, en pijama, por supuesto… Buenas noche, ¿ha llamado usted a la policía? ; no ; qué raro, ¿y usted vive en el piso XXX? ; sí ; acabada esta mini-conversación, el policía que me había hecho estas preguntas, un tanto alterado, coge un walkie y sale a la calle, supongo que para confirmar con la centralita o lo que fuera que la dirección era correcta, momento en el que yo me dirijo a su compañero yo no he sido el que ha llamado, ha sido uno de mis compañeros de piso. Pero me da que se ha ido hace un rato. Mientras los acompañaba en el ascensor, les fui explicando más o menos lo que había oído y presenciado. Ya una vez en el piso, y como al llamar yo a su puerta nadie contestaba, ambos se metieron en la habitación sorteando la montaña de trastos y comenzaron a hablar con ella. ¿Te ha pegado? ; no ; ¿quieres poner una denuncia? ; no, no, si no pasa nada ; ¿cómo te llamas? ; Fulanita Menganita ; bueno, mira, te vamos a dar este número de teléfono, si tienes algún problema de nuevo en el futuro llama directamente y nos encargaremos de todo. En este momento dejé de estar atento a lo que decían y me volví para mi habitación. Al rato oí cómo volvía el chico y se encontraba de frente con los policías, hola, ¿eres tú el novio de Fulanita? ; sí, soy yo, he venido a recoger mi cosas ; vale, te damos unos minutos para que recojas tus pertenencias, preferimos que lo hagas mientras estemos nosotros.
Cuando ya se hizo el silencio, a eso de las dos de la madrugada, volví a salir al pasillo y no quedaba ni rastro de la montaña de objetos que obturaba la puerta. Di un par de toquecitos a la puerta de ella para ver qué tal estaba, pero como no contestaba ni hacía ningún tipo de amago, supuse que no estaría de humor para hablar con nadie. Así que me volví a mi habitación. Todavía no les he preguntado lo que pasó porque no me mola meterme en la vida de nadie y los conozco de apenas semana y media, pero sólo se me ocurre una explicación. Que por alguna razón ella le estuviera echando de casa (o que él quisiera marcharse), y que eso desembocara en algún tipo de desavenencias en el reparto de las propiedades conjuntas (supongo que por eso lo de los muebles volando, así, ni pa ti ni pa mi). Esa noche el chaval durmió en el coche. Al día siguiente, ella se disculpó ante los demás inquilinos por lo que había pasado. Esa misma noche, el novio volvió dormir en la habitación con ella.
Bien! Menos de un mes en un país extranjero y la policía ya ha tenido que venir a mi casa… Esta historiera bien merece un estoy en este mundo porque tiene que haber de todo. Por cierto, lo de vivir en este piso es como vivir en un hotel, ahora me acabo de enterar que la pareja ha encontrado otro sitio y se piran en un par de semanas, y además que van a venir otros dos inquilinos en breve…
Cosa segunda: mi peculiar horario. Como todavía estoy acabando de perfilar el tema de la tesis con mi jefa directa (es lo que tienen los temas amplios), y como no tengo dinero ni para comprarme un tupper, ni tampoco me apetece hacerme la comida de un día para otro, pues intento aprovechar al máximo el tiempo que paso en la facultad. Resultado: me dejo caer por allí entre las ocho y las nueve de la mañana, después de haber desayunado, y me piro a casa entre las cuatro y las cinco de la tarde. Durante ese intervalo de tiempo, aparte de haber escurrido hasta la última gota de café de mi flamante termo, me suelo comer un sándwich de nocilla o una manzana. Sí, soy lo suficientemente costras como para vivir a diez minutos andando de la facultad y evitar acercarme a casa hasta que no he hecho todo lo que me proponía o me empieza a doler la cabeza. Pero es que como baje al piso a la una de la tarde a hacerme la comida, no volvería a la facultad hasta las cinco. Prefiero aguantarme y comer a horas tan poco habituales para luego tener toda la tarde libre. En otras palabras, siesta + tocar + escribir. Como no tengo acceso a internet en casa suelo volver a la facultad a eso de las nueve de la noche y aprovecho para surfear en busca de algún trabajo temporal que merezca la pena, amos, lo que evito hacer mientras estoy en mi ordenador revisando bibliografía. Supongo que en cuanto empecemos con los experimentos tendré que revisar si este tipo de horario sigue siendo factible o no…
Por cierto, tengo unas ganas tremendas de coger vacaciones neozelandesas, mentalmente creo que me va a suponer un desequilibrio positivo tremendo muajajaja. Con esto de que aquí las estaciones están invertidas, también lo están las vacaciones académicas, a saber, en invierno te dan un par de semanas libres en julio, y las vacaciones de verano duran desde noviembre hasta febrero. Toma. Megavacaciones por Navidad y Año Nuevo. La mierda es que mi estatus moral de doctorando no me deja tomarme tantos días libres...
Cosa tercera: la reunión de doctorandos. Uno de los eventos a los que hay que asistir obligatoriamente en la Universidad de Auckland cuando haces un doctorado del tipo que sea es el Doctoral Skills Induction Day. Básicamente, es un taller que dura desde las nueve de la mañana hasta las tres de la tarde, y lo mejor de todo es que te dan de desayunar y de comer y que puedes conocer a otros desafortunados en tu misma situación académica!! Qué ricos estaban esos bollos rellenos de crema, a ver si me entero de cómo se llaman…, por cierto, creo que debería apuntarme de nuevo a otro día (por lo de la comida gratis y la cosa social, entiéndase), en mal momento decidí firmar la hoja la asistencia…
La idea de la sesión es que mediante debates y turnos de preguntas pudiéramos aclarar las dudas que nos iban surgiendo relacionadas con la tesis. Desde los estilos aceptados por la universidad para referenciar, pasando por los tipos de relaciones que solían establecerse con los directores, e incluso hasta información sobre los mediadores que tenemos a disposición en caso de no poder dirimir algún problema muy gordo con nuestros supervisores. También repartieron unos librillos en los que venía el estatuto del doctorando y nos hicieron debatir sobre las diferencias que tiene abordar una tesis respecto a otro tipo de investigaciones académicas o actividades laborales. La verdad es que fue bastante interesante, al final me quedó una idea más clara de por qué me he metido en este embolao. Quiero decir, doctorao.
También me sorprendió enterarme de que el tiempo promedio que se suele dedicar para la discusión de resultados y enfoque de la investigación suele ser de una hora semanal, al principio me pareció bastante poco, pero visto al paso que voy haciendo la revisión bibliográfica, es más o menos el tiempo que necesito para poder llevar algo nuevo y coherente a las reuniones. Después de nuestra primera toma de contacto la semana pasada, mi jefa ya me ha sugerido que bajemos a Wellington dentro de un mes, que es el tiempo que cree que necesitaré para redactar mi propuesta de tesis, y allí discutirla con mis otros dos supervisores. También estuvo presente el que va a ser mi supervisor más íntimo durante todo este año, ya que mi jefa, al ser parte de la alta jerarquía y estar hasta arriba de cosas, no tiene mucho tiempo libre que digamos…
Por cierto, sobre los papeles todavía no soy un estudiante de doctorado. Soy un doctorando en pruebas. En otras palabras, que de aquí a seis meses tengo que conseguir la aprobación de mi propuesta por parte del departamento y de aquí a un año tengo que entregar a substantial piece of written work, firmado y aprobado por no sé cuánta gente, para que me den el estatus de doctorando. La idea es poder incluir esto último en la versión final de la tesis y que la banda no se duerma en los laureles a la hora de empezar a redactarla… Ah, otra de las cosas que me violenta es que cada año tenemos que entregar un documento evaluando el trabajo de nuestros supervisores y ellos el nuestro. Marchando una de diplomacia! No habría más misterio si no fuera porque tanto ellos como nosotros DEBEMOS haber leído la evaluación de la otra parte. Y ya para culminar, también hay que entregar una hoja de evaluación conjunta firmada por ambos. Se ve que aquí se toman muy en serio los protocolos de calidad que se han autoimpuesto… Sinceramente, aunque pueda ser la razón de que yo pase un mal rato, me parece estupendo este sistema. No sé en qué medida logra evitar situaciones abusivas, pero por lo menos lo intenta. Menos es nada.
Cosa cuarta: supervivencia. El día que me paguen, habré logrado sobrevivir durante tres semanas con 150 dólares neozelandeses, unos 84 euros (el promedio de una cesta de la compra aquí en NZ es de 80 dólares/semana). Esto ya se ha convertido en algo personal. La mayoría me lo he fundido en comida, pero también cayeron un par de cervezas para celebrar la única vez que me he ido de fiesta desde que llegué, jeje… Razón: no tengo pasta y tengo que pagar el piso (la mayor parte de mi presupuesto se ha ido en el alojamiento y la fianza, así que, emulando a líderes mundiales, yo también he decidido recortar gastos). Mi dieta es de todo menos variada, pero al menos desayuno, como y ceno todos los días. Y cosas más sanas y consistentes que el mes que estuve haciendo el camino de Santiago, con lo supone andarse veintipico kilómetros todos los días (mejor no hagáis preguntas). Ya me sé todas las ofertas del supermercado, sé que a las seis de la tarde ya no queda pan del barato, y me he hecho una tarjeta descuento para acceder a productos rebajados. Me voy a tener que comprar un libro de cocina dentro de poco porque si no me voy a acabar aburriendo de comer siempre lo mismo. Lo malo de hacer la compra es que hay que tener tiempo para darte una vuelta por el súper a horas tempranas porque como te descuides te quitan de las manos las mejores ofertas, y claro, al final acabas comprando lo de siempre. El otro día quise comprar pescado y el que estaba en oferta había literalmente volado… La buena noticia: me pagan en breve. Por cierto, el otro día vi a una señora gastarse de golpe más de 200 dólares en la compra, estuve a punto de decirle que me parecía una obscenidad…
Cosa quinta: el acordeón. Lo bueno y lo malo de no conocer a nadie en este país [nota: no conocer ¹ no hablar con nadie], sumado a la nula posibilidad de tomarse ni siquiera un café en un bar [nota: me pagan en breve], es que mi cerebro tiene una actividad intelectual más intensa de lo normal. En otras palabras, últimamente estoy tocando el acordeón como un cerdo. Ya he tocado más de lo que toqué todo el año que pasé en Japón, y me alegro mucho. He estado mirando a ver qué posibilidades hay con respecto al acordeón aquí en Auckland, y la verdad es que, que me convenzan, sinceramente… ninguna… Así que he estado pensando en hacer un cartelito en plan acordeonista busca instrumentistas dotados para bacanal contemporánea y colgarlo en la facultad de música con mi teléfono de contacto, pero no sé hasta qué punto se lo tomarán a coña… Y tampoco sé qué tipo de gentes estudian allí, con lo que no puedo predecir por dónde me van a salir… (esto hubiera sido tremendamente fácil en Atocha juis juis juis…). Creo que de aquí a un par de semanas habré culminado mi plan maestro, informaré debidamente al cónclave sobre mis actividades entonces…
PD. Sí, dentro de nada es Semana Santa, pero como me pasó en Japón, no tengo la impresión de que eso signifique ni celebraciones ni vacaciones, salvo por la poca afluencia de gente a la universidad… Desde que llegué, mis días sólo son diferencialmente distintos, y no parece que eso vaya a cambiar mucho…
Que pena que no dejen meter en el país carne de cerdo, sino te iba a mandar yo unos chorizos y un jamón...que te ibas a alimentar tu bien, ya verías ;-)
ResponderSuprimira mi me gusta la nocilla
ResponderSuprimirBueno, a pesar de que aun me queden algunas entradas atrasadas por leer. Un placer volver a leer tus "temeridades". Intentaré estar mas en ello... que tal ese...Otoño?
ResponderSuprimirComo dirían los Teletubies: abrazo fuerte!!
necorawoman: no me hables, no me hables, que me hace la boca agua...! Qué bien me lo iba yo a pasar con un par de chorizos y un jamón, ñam!
ResponderSuprimirel gato de Schrödinger: a mi me gusta más la nutella, pero aquí la neonocilla es más parecida la nutella, así que perfecto! Eso sí, a mi colacao no lo sustituye el nesquilk ni loco!
Fortuna y Gloria: Sí, yo a veces ya no sé si las cosas que me pasan son casualidades o tengo un imán raro para situaciones insólitas... El otoño bien, enfriándose todo por momentos lol...
Un abrazo a todos y gracias por comentar!
La verdad es que te tengo envidia, en estos momentos preferiría estar estudiando una maestría y pasar por algunas vejaciones, recuerdo los días que me hacia 16 km a la universidad vaya que la panza me ha crecido.
ResponderSuprimirEsto de un laburo fijo creo que no va conmigo quiza con nadie.
Bacan lo de la policía, bueno de lejos así lo veo y la pijama que usas como es? ¿te molesta si tomo la escena para lo que ando escribiendo desde hace meses?
Estoy seguro que todo saldrá bien y en meses tendrás el titulo, suena raro el aspecto burocrático, saludos y que te sea leve
niño de menta: lo del trabajo fijo depende mucho del contexto. En la cultura latina tendemos más a pensar en buscar algo que nos brinde seguridad económica mientras que en otros países son mucho más móviles en ese sentido y cambian de trabajo con más facilidad (me sigue sorprendiendo la cantidad de gente de más de cincuenta años estudiando aquí el doctorado o el máster).
ResponderSuprimirEn cuanto a la escena puedes hacer lo que quieras con ella, seguro que no soy al primero que le ha pasado jeje. En cuanto a lo del pijama, no es que tenga un pijama exactamente sino que me pongo una camiseta y un pantalón de chándal, pero yo a eso lo llamo "el pijama", básicamente porque sólo lo utilizo para dormir.
En cuanto a lo del título, espero que de aquí a tres años tengamos buenas noticias...!
Un saludo y gracias por comentar!!