miércoles, 13 de julio de 2011

Popurrí de cosas. Entrega nº7

Últimamente tengo bastante abandonado éste mi blog, pero es que llevo una semanitas que me está costando lo indecible ponerme a escribir, estoy un poco bloqueado en ese aspecto, si mi vida dependiese de ello estaría en grandes apuros... A ver, vayamos por partes.
Cosa primera: flujo de personas estabilizado. Después de dos semanas en las que el piso donde vivo en el centro de Auckland pareciera un hostal de mala muerte, por fin el número de inquilinos se ha estabilizado. Con un poco de suerte seremos los mismos viviendo aquí durante los próximos cuatro meses, así que me alegro bastante, que eso de no saber ni quién vive en tu casa tiene tela, así pasa que los que estaban de paso ni se planteaban que los platos podían fregarse ni que para que los truños desaparecieran había que tirar de la cadena. En fin. El piso es completamente internacional, y para qué negarlo, si estuviera habitado por personas normales lo más seguro que yo no estaría viviendo en él. No tenemos mucha vida en común pero porque casi todos pasamos la mayor parte del día fuera (todos curran salvo yo, que estoy estudiando), y nuestros horarios de comida no suelen coincidir (es en la cocina/salón cuando tenemos más tiempo para intimar entre nosotros…).
Las dos chicas tienen como casero a un mafias vietnamita que no me gusta nada, les cobra por la habitación más de lo que pagamos los otros tres (ojo, que incluso por ese precio, y en la zona en la que está, hay que darse con un canto en los dientes…!! Yo todavía no me termino de explicar la suerte que tuve encontrando esto…). El tío tiene la llave del piso y entra cuando le da la gana, como si estuviera en su casa, la última vez fue a las dos de la mañana, algún día que me pille de mala hostia le voy a decir un par de cosas y encima la voy a liar… Los tres chicos tenemos como casera a una mujer cuyos ancestros deben ser de alguna isla del Pacífico, es bastante maja y por ahora no he tenido ninguna queja de ella, aunque no me extrañaría que del día para la mañana nos subiera el alquiler también de golpe…
La primera chica es una inglesa que quiere estudiar cine. A pesar de ser inglesa [insert prejuicios], sorprendentemente me da muy buenas vibraciones (sigo afirmando que los europeos tenemos más cosas en común de las que creemos…), creo que fue a raíz de saber que de pequeña sus padres cocinaban comida de verdad en casa, léase, cualquier cosa que no sean fish & chips, sándwiches o las tartas de carne; al principio creía que se dedicaba sólo a ver la televisión, pero no, simplemente estaba matando el tiempo mientras buscaba curro. Su habitación está pegada a la mía, y cada vez que se trae al novio fiyiano que tiene un tick en el ojo, puedo oír con una claridad cristalina la secuencia completa del polvo, desde jadeos a succiones, e incluso adivinar por los golpes la postura en la que están. Cualquier día llamaré a la puerta y preguntaré que si me puedo unir a la fiesta… Tiene un horario criminal (entra al curro a las cinco y media de la mañana!!!), así que también es de las que se va a acostar temprano.
La segunda chica es una china pequeña y menudita, y su habitación está pegada a la mía por el otro lateral, de modo que me siento un sándwich entre dos féminas. Admito que no he tenido bronca con ella y que nuestra relación es cordial, pero también admito que me da un poco de yuyu… El segundo día que llegó a casa sacó todo lo que había en el armario de al lado del refrigerador y lo puso encima de la mesa central del comedor, dejando una nota: lo que no sea de nadie, lo tiro. A los dos días el armario estaba como una patena, y pudimos repartirnos las baldas entre los tres que éramos entonces. Yo hacía tiempo que llevaba preguntando de quién eran las cosas, pero no me había atrevido a tomar decisiones tan drásticas… El caso, que digo que me da yuyu porque es la estereotípica imagen que tenemos de muchos chinos: el 99% del tiempo lo pasa encerrada en su habitación, y siempre que sale al exterior (léase, al resto de la casa) son más de las doce de la noche. Creo que en algún momento me acabaré topando con la niña Medeiros en vez de con mi compañera de piso…
El tercero en discordia es un australiano que trabaja como animador en una empresa informática (haciendo dibujos, no agitando pompones). Gracias a él me enteré de que si conduces doce horas desde Melbourne no estás ni a la mitad del camino para llegar a Sidney. Saliendo desde Madrid ya se estaría en Francia o en Portugal, incluso en Marruecos si se llega a tiempo para enlazar con el ferry. En sus ratos libres lee la Biblia y toma anotaciones en una libretilla, no sé si esto estará relacionado con que sea pentecostalista el chaval… Guarda un escrupuloso respeto por los días de misa, y todos los domingos se da su largo paseo en busca de la única iglesia de Auckland en la que profesan su credo. Es bastante majo y además toca la percusión, a lo mejor le debería proponer que formáramos un dueto jeje…
Del cuarto ya hablé en algún otro post, es un zimbabuense que curra en un banco neozelandés, aunque lo suyo son más los negocios, motivo por el cual también está estudiando un curso a distancia de la universidad de Massey. Tiene un problema de adicción a internet, he llegado a verlo a las cinco de la mañana conectado en la mesa del comedor (¿que qué hacía yo despierto a esas horas? intentar llegar hasta el baño porque me estaba meando con violencia tras una noche de alcohol). Como su habitación es la más alejada del módem (que está en el salón), no pilla bien la señal, así que se ha adueñado de la mesa del comedor. Pero la razón intrínseca de que haya establecido allí su centro de operaciones se debe a que su portátil está en un estado lamentable. Hace tiempo que la pantalla y el teclado pasaron a ser dos entes linealmente independientes, así que para poder usar el ordena tiene que apoyar la pantalla contra algo sólido (una pared, por ejemplo) o su portátil se desmorona. La solución que ha encontrado para apoyar su instrumento: un lego de cajas sobre la mesa del salón. Puede que parezca un frikacho por estar tanto tiempo conectado a internet, pero el otro día le hablé del Guitar Hero y no sabía lo que era [herejíiiiiiaaaaaa!!!!!]
Hay tres cosas que me gustan particularmente del sitio en el que vivo, aparte de que esté en el centro y que todo me quede a tiro de piedra andando. La primera es el salón gigantesco que tiene (con su retahíla de pósteres que amablemente nos ofreció la valenciana contable a la que le gusta el hiking, recién sacados del videoclub que están liquidando en su barrio), y sus magníficos ventanales. La segunda es encontrarme gorrioncillos en el salón cuando salgo de la ducha por las mañanas y me acerco a dejar el café haciéndose para que cuando termine de cambiarme me pueda poner a desayunar sin dilación; siempre se escapan por alguna de las ventanas que suelen estar abiertas, parece que de las cinco que hay saben exactamente cuál está abierta… La tercera es que tengo dos almohadas. Es una maravilla dormir con la cabeza apoyada en una de ellas y abrazarse a la otra, a falta de alguien que me haga compañía en esta cama que parece no tener fin (es que es gigante!).

Cosa segunda: la tesis y la vida universitaria. Desde que empecé la tesis ha llovido bastante (no sólo porque llueva un día sí y otro no, la gente que vive en Auckland sabe a lo que me refiero…) y al mismo tiempo no ha pasado nada. En términos científicos es como si el espacio recorrido hubiera sido de kilómetros pero el desplazamiento sólo de medio metro…
Después de estar los dos primeros meses currándome una revisión bibliográfica sobre cómo carajo unir metales y cerámicas, de haber entregado un informe preliminar de cincuenta páginas, y hecho una presentación moníiiiissssima de PowerPoint [siempre], me tocó bajar a Wellington a venderles la burra a mis dos otros jefes, que son los que ponen parte de las instalaciones para el proyecto. Por cierto, si en un principio tenía tres supervisores, ahora tengo cuatro, dos en Auckland y dos en Wellington. El viaje fue tan relámpago (fuimos y volvimos en avión el mismo día) que sólo pude ver la ciudad desde la ventanilla del taxi, puesto que donde están las empresas del Crown Research Institute es en Lower Hutt, al otro lado de la bahía. Creo que es la primera vez que me pagan un viaje en avión, y como además mi jefa vuela mogollón con Air New Zealand y tiene tarjeta de puntos de ésas, pues aproveché para atiborrarme de comida gratis en la sala VIP [it’s free!]. Tenía pensado dejarme caer por la embajada para inscribirme como persona pululando por estos lares, pero lo único que pisé de todo Wellington fue su aeropuerto, que por cierto, está pegadito a las casas… Puedo hacer la inscripción por correo pero paso, además, ya me he inscrito en el registro de viajeros, así que a todos los efectos el ministerio ya sabe que estoy por aquí.
Los dos centros de investigación/producción en los que tendré que hacer alguna estancia en el futuro (básicamente para preparar las muestras) están a la vera de una pequeña colina desde la que se puede contemplar la bahía; uno de ellos está en todo lo alto, y el otro al pie, cruzando la calle. Daban más ganas de hacer una acampada en el aparcamiento que de meterse en los laboratorios, ya que el centro que está en la cima de la colina está rodeado de vegetación, medio embutido en un bosque. Tendré que probar en algún momento, mejor en primavera o verano, que ahora que hace fresquete el tiempo no invita a dormir al raso… Además me han comentado que en Wellington el viento sopla con mucha fuerza, y que la sensación térmica es siempre de un par de grados menos…
Después de esta presentación formal con la que ya he conseguido apuntalar mínimamente el tema del doctorado (…sólo mínimamente, en otras palabras, para poder vender la idea… es lo que tiene empezar proyectos desde cero, que los flecos conceptuales no vienen cortados), estuve tres semanas en los que tenía la impresión de que no hacía nada relacionado con mi tesis. Más que nada porque me dediqué a mandar mails a todo tipo de empresas para ver si podíamos hacernos con una mísera placa de titanio. Infructuosamente, ya que las empresas que se dedican al negocio suelen tener un pedido mínimo a satisfacer (no íbamos a comprar cien kilos de titanio…), y por la naturaleza de nuestro pedido no se molestan ni en darte un presupuesto… Comprobado que en NZ el tema titanio está en pañales a todos los niveles [nota: nicho de mercado potencial] y los pocos centros de investigación que se dedican a ello utilizan técnicas pulvimetalúrgicas (nosotros andamos buscando titanio de colada), lo siguiente que hice fue contactar directamente con un par de centros de investigación en Australia para ver si nos podían suministrar alguna muestra, así, de gratis. También sin resultados ¬¬
Simultáneamente me dedicaba a mandar mails a empresas de AFM, ya que como soy el entendido en el asunto (elegí mi tema de doctorado precisamente pensando en un cambio y aquí me veo, dedicándome otra vez a lo mismo ¬¬), han dejado en mis manos los detalles de la posible adquisición de un sistema externo para hacer medidas térmicas. En otras palabras, que me pegara con las tres únicas empresas (todas ellas con sede en Australia) que comercializan este tipo de instrumentos para conseguir que me dieran un precio. Pero la impresión que me da es que o vas con el dinero por delante o nada, porque se lo he pedido directamente y en las contestaciones siempre se salen por peteneras. La otra opción sería enviar las muestras a sus instalaciones [Korea, Singapur] y que hicieran allí las medidas, pero lo malo de ser un entendido es que no te fías de nadie que no seas tú mismo a la hora de hacer las medidas, y menos de alguien que no conoces… Así que por último volví a escribir a centros de investigación en Australia para ver si tenían el equipamiento necesario, ya que desplazarse desde aquí hasta Oz tampoco cuesta tanto, y podríamos hacer las medidas personalmente. Pasaron dos semanas desde que mandé el mail al encargado del Wark en Adelaide hasta que supe a ciencia cierta que en Australia no hay ninguna instalación que tenga lo que nosotros buscamos. Dicho así parece el colmo de la dejadez por parte del buen hombre, pero tuvo la gentileza de reenviar mi correo a todos los centros australianos susceptibles de tener el dichoso microscopio, y me iba poniendo al día cada vez que le contestaban.
Por otro lado, por similitudes de funcionamiento con el AFM, mi jefa ha decidido que yo sea la persona a contactar en mi grupo en caso de necesidad de usar el nanoindentador, ya que pertenece a otro grupo de investigación de la facultad (aquí la banda se presta las instalaciones con una facilidad pasmosa, en plan todo es de todos, amos, lo mismito que en la Complu, donde me sé de departamentos en los que gente no se habla, inclusos departamentos en los que la mitad ha denunciado en los tribunales a la otra mitad… ¬¬). También al llegar de Wellington hice un planning de todas las técnicas experimentales que íbamos a necesitar para la fase inicial del doctorado, o lo que es lo mismo, tuve que pasear las hojas de autorización de despacho en despacho, recogiendo las firmas pertinentes de los responsables (nueve laboratorios a tres firmas por hoja = veintisiete firmas). Más las tres autorizaciones de llaves que me dan acceso a doce laboratorios y el consentimiento para utilizar el software de simulación de otro departamento (quién me diría que con lo mal que nos llevábamos la termodinámica y yo terminaría haciendo simulaciones térmicas…). En dos semanas pude hacerme con todo esto, y aunque no me valga de nada porque todavía no tengo muestras, por lo menos ya tengo vía libre para usar las instalaciones como bien me parezca. Mejor, así cuando tenga las muestras me puedo poner a medir a saco (iré reservando hueco un par de semanas antes por si acaso…). Si a todo esto se le suma que también he estado contactando con profesores para que me aconsejaran sobre el ya mencionado titanio, visitando las instalaciones técnicas de las universidad, y yendo a los despachos de gente que no tiene nada que ver con mi tesis simplemente para hablar de mi proyecto y ver si podían aportar algo (como siga en este plan la parte de agradecimientos de la memoria ocupará lo mismo que la introducción… contando con que es lo único que el jurado se lee aparte de las conclusiones, a lo mejor doy rienda suelta a mi vena literaria jijiji), el resultado se traduce en que me he pateado más de media facultad de ingeniería y parte de la de ciencias, incluyendo los laboratorios informáticos del departamento de ciencia ingenieril, los laboratorios de ingeniería química y de materiales, y los talleres de ingeniería civil. Lo dicho, networking a lo bestia. Cosas de levantar un proyecto de cero.



Sigo teniendo reuniones semanales con mis dos jefes de la universidad de Auckland, donde les pongo al día de mis pesquisas y de los resultados que voy obteniendo, últimamente, la mayoría de ellos negativos. A este mítin semanal hay que sumar ahora un mítin mensual con todos los integrantes del grupo de investigación de mi jefa (en la última reunión aproveché para hacer spam de mi doctorado con la presentación que hice en Wellington muajajaja). En total somos quince personas, lo que hace un grupillo bastante majo entre doctorandos, estudiantes de máster y gente de intercambio. La única pega es que casi no tenemos contacto entre nosotros, básicamente porque cada uno se dedica a temas de lo más variopinto que tienen poca conexión entre ellos (el tema de mi tesis es único en el grupo [sic]). Mi oficina es una sala enorme en la que estamos unos veinticinco estudiantes de doctorado (de varios departamentos) y unos veinte de máster. Sí, es mucha gente pero cabemos todos sin problemas ni apelotonamientos, y yo estoy bastante a gusto; lo han distribuido de forma que hay una gran mesa continua a lo largo de las cuatro paredes y puestos individuales en el centro, estos últimos para doctorandos. Del grupo sólo estamos en esa sala el pakistaní y yo, mi tocayo está en el edificio de químicas, la indonesia está una planta más arriba (en una salita en la que sólo hay mujeres…no sé si tendrá que ver el hecho de que probablemente sean todas musulmanas…), y el indio no me acuerdo de dónde tiene su centro de operaciones. La verdad es que con quien más contacto tengo es con la india que me está enseñando a utilizar el nanoindentador, y que además es majísima. Weno, y con los vecinos más próximos a mi puesto de trabajo.
Para terminar el apartado universidad, ya puedo decir por primera vez en mi vida que he vigilado un examen!! Y la verdad, se nota enseguida quién tiene idea y quién no… No pillé a nadie copiando pero mi jefa tampoco vio nada raro, así que a priori no habría que desconfiar. Por cierto, un chaval se quedó dormido durante el examen… La semana que viene se supone que empezaré a dar las prácticas de los laboratorios de materiales a los tiernos infantes de primero, por ahora son sólo dos horas a la semana, pero para empezar está súper bien, y si se tiene en cuenta que además es pagado, pues mejor que mejor!! Me propusieron dar el laboratorio de termodinámica pero tuve que hacer mutis por el foro… No es que me vea incapaz de darlo, sino que el tiempo que necesitaría para refrescar los contenidos es sensiblemente mayor al que necesito para explicar un ensayo de tracción (me encanta destrozar cosas jeje) o una metalografía. Y el tiempo es oro, ya se sabe [habló un experto en procrastinación…]
Cosa tercera: vida social. Como quien dice, he llegado al punto en que siempre tengo algo que hacer, y si no lo tengo, puedo coger mi móvil y hacer un par de llamadas para armar un plan, aunque últimamente prefiero quedarme en casa escribiendo o leyendo mamarrachadas en internet (esto último va por temporadas). Estoy evitando por todos los medios que esto se convierta en una reedición de mi vida en Japón, que fue un desenfreno continuo digno de quedar estampado en los anales de la historia. Parece mentira que yo diga esto, pero necesito una temporada de tranquilidad mental, simplemente sentir durante un tiempo que las cosas no suceden a más velocidad de mi capacidad de procesamiento cerebral.
La mayoría de los miércoles me apunto al intercambio de español e inglés que organizan los que surfean sofás. Aunque a mí poca falta me hace quedar con alguien para hablar inglés (es la lengua que utilizo el 90% del tiempo), me lo paso bien rajando con todo el mundo, además es una forma estupenda de conocer gente, y de semana a semana siempre aparece alguna cara nueva. Todos los asistentes solemos llevar algo de comer/beber, así que más de uno suele terminar bastante contento jeje, sin llegar a agarrarse cogorzas monumentales. Allí conocí a la valenciana contable a la que le gusta el hiking, a frau gallega, a la arquitecta que estuvo trabajando en la India, a su novio gabacho que recoge agua de lluvia (este último está en la misma oficina que yo en la universidad!! …si es que Auckland es el fondo de un vaso de chupito visto a través de unos ojos nublados), al waikatense que está estudiando para ser profe de primaria, a la peluquera de alto standing que se va a ir de estancia al Reino Unido (¿quién habló de futuras expeluqueras?), al matemático italiano que está haciendo el doctorado, y a tanta gente que como me siga enrollando no termino…!
Por otro lado, puse un par de anuncios en el árbol de goma, uno buscando a alguien para hacer un intercambio de japonés/inglés y otro buscando músicos que quisieran tocar con un acordeonista. Para el de japonés me contestaron siete personas, y como al principio no estaba tan liado, pues me dio tiempo a quedar con todo el mundo. Todos los japoneses que he ido conociendo son majísimos, aunque por incompatibilidades en horarios con la mayoría de ellos sólo quedé en un par de ocasiones. Lo único que quiero es hablar japonés una o dos veces por semana, así que tampoco me estresa no poder volver a editar las quedadas. Además, siempre hay gente que quiere clases más serias, en plan yo te enseño japonés y tú me enseñas inglés, pero yo lo que necesito es hablar y escuchar, que enfrascarme en kanjis y estructuras gramaticales lo puedo hacer por mi cuenta. El caso es que de todos ellos sólo sigo quedando con dos más o menos ininterrumpidamente. El primero es un estudiante de empresariales de Sapporo que está aquí con la Working Holiday Visa y que se ha tomado un año para venirse a NZ a mejorar su inglés. Mientras tanto curra en un bar y es el recepcionista del backpacker en el que vive, motivo por el cual no tiene que pagar alojamiento (toda una ventaja). El segundo, y con el cual estoy entusiasmadísimo, es un japonés delgadito de unos cincuenta años, oriundo de Okayama (casi le da un infarto de emoción cuando le dije que había estado en el Hadaka Matsuri). En Japón se dedicaba al diseño gráfico, pero un buen día su mujer [majísma] y él decidieron, porque sí (y olé sus cojones), que el estresante mundo japonés no era lo suyo y que querían empezar una nueva vida en el extranjero (sus trabajos aquí no tienen nada que ver con lo que hacían en Japón!!). Según él, venirse a NZ ha hecho que el pelo le crezca más fuerte; yo por mi experiencia personal sigo diciendo que es un problema de agua, pero a mí me pasó lo mismo cuando volví a España. El caso, que me encanta, que el tío es la caña, y que me siento súper a gusto en nuestras sesiones de cafetería de los jueves, además me manda ejercicios y realmente veo una mejora en mi maltrecho japonés.
Por el lado musical, no hay nada mejor que anunciarte tocando algo exótico para que la gente contacte contigo. Yo creía que me iban a mandar a freír espárragos, pero me escribieron seis personas interesadas en trabajar con mi instrumento. La mayoría de ellos viven en las afueras de Auckland, así que por movidas de disponibilidad, transporte y demás, hemos tenido que descartar futuras colaboraciones (unos estaban interesados en montar un grupo de música sudafricana, la verdad es que habría sido la caña!). Hace un par de findes quedé con un guitarrista samoano orondo y súper bonachón, alopécico, con la cabeza tatuada en la parte calva (me quedó la duda de si era algo cultural o había aprovechado que no tenía pelo para hacerse el tatuaje). Me llevé el acordeón de paseo hasta su casa, en las afueras, y allí estuvimos improvisando sobre temas country que me iba disparando a bocajarro. Así a nivel musical es bastante simple, pero me viene bien para reconciliarme con la tonalidad, además de para refinar mi técnica de improvisación jeje. Me lo pasé bastante bien, y me ofreció tocar algún finde en un bar con él y sus amiguetes, así que como lo básico de cuando se empieza es hacerse ver, pues estupendo!! Con otro de los que quedé es un inglés que hace música electrónica y que está intentando hacer una mixtape con sonidos pregrabados de todo tipo de instrumentos. No sé yo cómo terminará este experimento (jaaaarrrrr!!!), pero por si acaso le he mandado mi contribución en forma de seis minutos de mp3 (¡¡¡¡¡alabemos al Garage Band!!!!!) con una retahíla de obras inconexas para acordeón [variety rules!]. El último, un guitarrista con el que quedaré a lo largo de la semana, es el que más cachondo me pone musicalmente hablando con sus tintes de los 60’s y 70’s (tiene mucho que ver que en los samples que me ha pasado se oigan algo más que acordes mayores, menores, y séptimas de dominante). Lo único que me da un poco de yuyu es que la religión juegue un papel central en su vida (esto lo supe después de que me agregara al FB). Pero salvo que de repente me vea envuelto en una campaña proselitista de petadimensiones, a nivel musical me tiene ganado.
El resto de los días suelo quedar con gente que conozco de forma totalmente aleatoria. Por ejemplo, he quedado varias veces con una pareja de argentinos que estuvieron viviendo en el piso durante una semana. Son majísimos, y con ellos descubrí a la Mona Jiménez, las bondades del Fernet, cómo se prepara un mate (…ya se me ha olvidado ¬¬), que una palta es un aguacate, unos anteojos unas gafas, y que llamar imbécil a alguien es muchísimo peor que llamarle boludo. Y que el acento cordobés no tiene nada que ver con el porteño. NADA. La primera vez que los escuché me quedé rayadísimo porque no sabía decir de qué parte de sudamérica eran. Somos argentinos y lo primero que pasó por mi cerebro fue mentira. También quedo de vez en cuando con gente de la facultad para hacer cualquier cosa, generalmente con dos informáticos que conocí en la reunión de doctorandos. La última vez fuimos al museo de Auckland [ver fotos], y la verdad es que el sitio, que por fuera se da unos aires de Partenón, está muy chulo, sobre todo la colección que tienen dedicada a las islas del Pacífico, que es enorme. Y además como yo resido en Auckland no tengo que pagar la donación obligatoria muajajaja. También tienen varias salas dedicadas a la participación histórica de NZ en conflictos armados en el extranjero, y admito que al entrar en la que está dedicada a la segunda guerra mundial se me quedó mal cuerpo, supongo que porque me pareció tan cercano que no pude evitarlo. Por último, hemos instaurado los domingos por la tarde como día de maratón de cine, de temática variada. Por ahora han caído pelis ambientadas en África (Shooting Dogs y El jardinero fiel) y pelis francesas (De bâtre mon coeur s’est arrêté y Exils). Si seguimos a este ritmo quizá tenga que abrir una sección de cine en el blog, aunque con lo exquisito que me pongo últimamente cuando se trata de ver una peli a lo mejor esto se termina convirtiendo en una matanza donde no quede títere con cabeza…









Y weno, lo de buscar trabajo lo he ido dejando por un poco imposible. Sigo al acecho de posibles ofertas y estoy apuntado a varias listas  que me mandan información sobre posibles vacantes. Pero con las limitaciones de mi visado (sólo puedo trabajar a media jornada), pues en trabajos relacionados con la ingeniería es bastante difícil que me cojan. Supongo que aunque ya haya rebajado el listón en cuanto al trabajo que estaría dispuesto a aceptar, el hecho de que por ahora la beca me esté dando para vivir hace que no me estrese tanto por encontrar un curro. Lo malo es que no puedo ahorrar casi nada, ahora mismo si quisiera volverme a España no podría ni costearme el vuelo…
Cosa cuarta. Me han propuesto hacer un trío. Pues eso. El otro día volvía al piso después de haberme tirado todo el día jugando al Guitar Hero en casa del waikatense que está estudiando para ser profe de primaria, serían como las diez de la noche. Me fui dando un paseo desde las afueras hasta el centro, y en un momento del recorrido me crucé con dos maromos, nada insólito, salvo quizá que debíamos ser los únicos seres que andábamos por la calle en varios kilómetros a la redonda. Diez segundos después de haberme topado con ellos, oigo a mis espaldas y con efecto Doppler un quieres hacer un tríiiiiiooooo?????? (y no estábamos en el barrio gay de Auckland) ¬¬ La verdad es que ni me di la vuelta [entrada por un oído – microcarcajada cerebral – atenuación por colisión con el lóbulo temporal], pero me quedé pensando en dos cosas.
La primera es la probabilidad de que me vuelva a pasar algo así. Uno no va por la calle y le gritan que si quiere hacer un trío con tanta alegría, hay gente a la que le cuesta toda una vida meterse en la cama con más de una persona!! Además, hasta te puedes poner a discutir, con toda la dignidad del mundo, los pormenores del ménage en la vía pública. La segunda es que creo que me infravaloro demasiado a nivel estético, sé que es una faceta mía explotable, pero me da que todavía no soy consciente de todo su potencial (si no, no me seguiría quedando a cuadros cada vez que me tiran los trastos ni que me echan veintitrés años aún llevando barba de dos semanas…). Sé que lo tiene pero me da mucho pudor hacer uso de ello, al igual que siempre evito presentarme diciendo que hablo cuatro idiomas y tengo tres carreras y un máster. Supongo que intento evitar que la gente me juzgue sin conocerme, así que voy dosificando la información sobre la marcha. De todas formas no sé si debería extrañarme, me acuerdo que antes de irme a Japón vi un vídeo de cuando yo era un jovenzuelo, con dieciocho añitos, en la exhibición de educación física del colegio… El caso es que estaba to weno!! Creo que si hubiera sido consciente entonces me habría comido todas las florecillas que pululaban a mi alrededor muajajaja...
Por cierto, he perdido las gafas. Pero he decidido que no me voy a comprar unas nuevas por el momento. No veo, pero tampoco tengo que conducir. Y el no ver de lejos me da una impunidad impresionante. Saber que alguien te está mirando mal porque estás haciendo algo prohibido y tener la jeta inmensa de ignorarle porque el simple hecho de que ves su cara borrosa y siempre te queda la duda de si es a ti al que mira o no, no tiene precio. Te dices bueno, puede que esté sonriendo, cuando en realidad sabes que se está cagando en tu puta madre. Pero te la sopla. Creo que me pasa algo parecido a lo que a la señorita Ageo de Shin Chan, sin llegar a tales extremos, entiéndase…
Ah, por último, aquí la salsas del supermercado no practican sexo seguro…


…y los vinos tienen nombres un tanto cómicos…


7 formas de ver las cosas:

  1. No sabía que tuvieras tres carreras!! Sobre el tema sexual... mi problema es que no sé interpretar las miradas así que o me tiran una (in)directa verbal o pasan a la acción ellos o se comen los mocos. Muy variopintos tus compañeros.

    Besos.

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  2. Me encanta volver a leer estos recortes de tu vida cotidiana.Me resulta curioso lo de los intercambios lingüisticos, no se si es que yo soy "muy de mi pueblo".


    Mucho animo con la tesis, un abrazo

    pd: mmm... un trio
    ppd: quiero fotos del mundial de rugby

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  3. Jaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaajajajajajajaj
    Eres un peor! Te lo digo, te lo repito y te lo vuelvo a repetir!!!
    Menuda chapa me he tragado, la mitad de mi intensa jornada intensiva… pero ha merecido la pena gorilón.
    Estás rebueno, te lo he dicho, vaqueros (apretados, deja de llevarlos por las rodillas) y camiseta blanca. Si no fueses tú… yo…. :) TE QUIERO

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  4. PS: yo tb quiero fotos del mundial :(
    jo... ya lo siento, pero no es que no puedo, es un que no debo... :(

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  5. nanotec es "barato"

    entre imagen e imagen me leo unas lineas

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  6. El comentario iba en esta entrada... Mil disculpas mi mente daba miles de vueltas, genial hombre, me encanta poder ver un poco de tu viida.

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  7. Christian: Bueno, tampoco es que me guste mucho presumir de ello... La gente enseguida se cree que eres un bicho sin vida social... Prefiero pasar por tonto :)

    Fortuna y Gloria: Jaja, muchas gracias! Al final lo de los intercambios tuvimos que dejarlo por incompatibilidad de horarios... Y lo de las fotos, quizá en la próxima entrada!

    sin embargo según la RAE: Está bien saber que he conseguido entretenerte durante la mitad de tu día laboral juis juis. Lo de los vaqueros apretados es algo que no me convence... Los seguiré llevando por las rodillas, así son más fáciles de quitar lol

    el gato de Schrödinger: Nanotec no tiene el módulo térmico, que es el que nos hace falta :S ¿A cuántos herzios mides? A mí a veces me da tiempo a leerme entradas enteras entre imagen e imagen ¬¬

    niño de menta: Ya supuse que iba en esta entrada, porque la otra está en las antípodas de la densidad con respecto a esta :)

    Besos y abrazos, y muchas gracias por comentar!!

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