Mercadillo de ocasión

En este blog se vende poca cosa. Un plato de vivencias con salsa agridulce de ilusión o de melancolía (por eso la salsa es siempre agridulce). Pero que alimenta el alma, como las natillas.
En estos tiempos que corren en los que absolutamente todo puede consumirse y desecharse a una velocidad de vértigo, en lo que todo tiene fecha de caducidad, desde la música a la literatura, pasando por la moda, la tecnología, las ideas, las formas de vida, el amor, la muerte o el poder, el autor de este blog se compromete a invertir sus maltrechas neuronas en tiempo. Tiempo para pensar, para escribir, para escuchar. Porque al final, el tiempo que has invertido en tu rosa es lo que hace que tu rosa sea tan importante.
Siempre he abarcado demasiado, pero siempre he sido consciente de mis limitaciones. Y según evoluciono me doy cuenta de que cada vez abarco más. Pero por coherencia sigo apretando con la misma fuerza aunque me lleve más tiempo, que para eso es mío. Mientras tanto, me dedico a rebuscar entre falsificaciones con la esperanza de coleccionar pequeños tesoros, únicos todos ellos.
Una ventanita abierta a mi mundo, desde las jardineras de mis emociones. Pasen y vean. Y consuman. Que sólo cuesta tiempo.

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